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De bandera, la ilusión...y preparando la acción, que la cordura no tiene oferta
August 20 Cuando crees que me ves, hago chas... y desaparezcoIrlanda, e Irlanda del Norte en particular, son paises sin duda mucho mas avanzados. Hasta el punto de que han inventado el teletransporte. Solo asi se entiende que la cidudad se quede vacia en cuanto cierran las tiendas. La gente desaparece, dan las 18:00 y la gente desaparece, en una version madrugadora de La Cenicienta. Partiendo de esta base, no estoy muy seguro yo de que la conciliacion laboral sirva de nada. Aqui han conseguido alcanzar (a ver cuanto les dura) la jornada de 9:00 a 17:00, y encima con una hora para el raquitico sandwich que toman por lunch. Pero claro, para que quieres salir a las 17:00 si no tienes nada que hacer? Hasta las iglesias cierran a las 16:00: no puedes ni rezar, joder! Las pocas opciones que quedan son ir al super (a algunos), que cierran a las 23:00, o a la sesion golfa del cine, la de las 21:30, que es la ultima. Por supuesto te quedan los pubs (y aun asi hay algunos que no abren hasta las 19:00, o sea que tienes dos horas muertas -estupendas para cenar...-), con lo que las alternativas de ocio se reducen enormemente al alcoholismo, por suerte sazonado frecuentemente con musica en directo, que es muy comun en los pubs. No busques ni gimnasios, ni cursos, ni exposiciones. Ni siquiera cafeterias. Supongo quese podra salir a pasear o a hacer deporte al aire libre, aprovechando el envidiable clima del que goza este pais... Vamos, que me da la impresion de que es una conciliacion laboral destinada basicamente a estar con la familia, no a disfrutar de tu ocio. Todas las tardes encerrado en casa con la familia... Empiezo a comprender lo de las asociaciones de suicidas. Derry (Irlanda del Norte), 19 de agosto de 2008 Pd.: Os juro que odio mas que ninguno escribir sin tildes y sin los simbolos de interrogacion y demas, pero es que una cosa es enfrentarse contra los teclados ingleses, y vale, pero ya si se coaligan con Linux, no hay dios... Intentare corregir todo cuando vuelva a casa o encuentre otro ordenador (que, por cierto, ya he corregido tambien el post de ayer, que tenia erratas para aburrir. Lo siento, pero la informatica es asi). August 19 Oferta de países: dos por unoDado que en este país diluviar sólo se conjuga en infinito (llevo una semana mojado, joder, hay pantanos con menos humedad que yo) y puesto que me han clavado 34 libras (unos 45 euros) por la única habitación libre en todo el puto Belfast (y eso de que este hotel está en Belfast habrá que discutirlo con los cartógrafos...), he decidido hacer una huelga de seacno y quedarme encerrado en mi cuarto hasta que deje de llover -o en su defecto hasta mañana, si decide no parar-. No preocuparse, tengo televisión y water (y una máquina de chocolatinas con la que completar una dieta de vicios básicos). El caso es que ya he esparcido por toda la habitación mi ropa y demás posesiones completamente empapadas (si el "Retrato de un artista adolescente" consigue recuperarse de esto será más bien como el "Retrato de un submarinista adolescente"), ya he drenado mis cubremochilas y escurrido mis macutos y ya he puesto la calefacción a tope para poner a prueba las cualidades secadoras del efecto invernadero. Así que, sin nada mejor que hacer, me ha dado por ponerme a pensar en las diferencias que he visto por el momento entre Irlanda e Irlanda del Norte. No olvidemos que llevo sólo tres días en Irlanda del Norte y que mi capacidad de observación siempre me ha emparentado muy directamente con los topos. Pero básicamente he encontrado tres diferencias. En primer lugar, Guinness ya no es imperativo categórico. Existe, sí, pero aquí la cerveza negra por excelencia ya no es la dueña del cotarro. El pelícano de marras ya no preside cada bar y no hay un hombre tirando de un carro pintado en dos de cada tres paredes. En el norte venden incluso sidra (tienen hasta una de pera) y la cerveza dominante es una rubia llamada Harp. Aunque, por lo que me han contado, los gustos te los dan al confesarte: los católicos se aferran a su Guinness, los protestantes se pavonean con su Harp. Vale todo para fomentar el sectarismo. La siguiente diferencia son los Samaritanos.No sé si os acordáis de ellos, pero son los de la línea caliente antisuicida que me encontré en los acantilados de Moher. Pues no están solos. En el norte compiten con otra hotline que se anuncia incluso en los autobuses: Lifeline. Sin entrar a valorar la posible regulación mercantil del oligopolio del suicidio, lo cierto es que una fuerte presencia de dos asociaciones dedicadas a prevenir suicidios es más que indicativo. Y me juego los dedos de la mano que más uso a que algo tiene que ver en todo esto la puta lluvia. Y supongo que si aquí hay más suicidios que en el resto de la isla, alguna influencia tendrán años de conflicto y terrorismo. La última diferencia que me ha dado en la pupila es la Union Jack, la bandera del Reino Unido. Está hasta en la sopa (creo que hay una por cada cartel de Guinness en el resto de Irlanda). Supongo que dependerá de por qué zona te muevas, y supongo también que, siendo la minoría oprimida durante muchos años, los independentistas serán mucho más discretos, pero desde luego está claro que aquí hay mucha gente que quiere ser inglesa. Y quieren que se sepa. Ultimo bastión seco, Belfast (Irlanda del Norte), 16 de agosto de 2008 Pd.: Si alguna vez volvéis a ver una postal de Irlanda soleada, ¡denunciadles por publicidad engañosa! Pd2: Actualizando a 17 de agosto, no paró de llover... Según me han contado Nuria y Eduardo (dos jóvenes con los que me une algún tipo inconcreto de parentesco), las de ayer fueron las peores lluvias que han visto en los dos años que llevan en Belfast. Incluso se inundó un túnel de la ciudad; se inundó completo, en plan pecera: ¡6 metros de agua, uno encima de otro! Keep walkingMiticada al canto.Lo que iba a ser una marcha de 17 km por acantilados, se ha convertido en 28 km de playa, prados, barro, piedras y, para culminar, 11 km de carretera. Es lo que tiene perder el último bus.
Hoy he visitado el sitio que tenía en mente desde antes de venir a Irlanda, el objetivo principal de mi viaje: la Calzada de los Gigantes. Como iba preparado para que me decepcionara, no quería limitarme a coger un bus que me llevara hasta allí, así que me las he perjiñado para encontrar una marcha preciosa desde un puente colgante hasta la Calzada. En principio, 17 km.
La primera sorpresa ha llegado al encontrarme el puente cerrado. Un país que cierra un pequeño puente colgante para poder cobrar por la entrada, es que de verdad explota sus recursos turísticos. El caso es que yo he llegado tan temprano que no había nadie para cobrarme, me he esperado hora y media pacientemente sentado (ha sido, que conste, lo mejor del puente, porque ha sido la hora y media que lo he tenido sólo para mí y las gaviotas), me he abierto a mí mismo en cuanto han quitado el candado (con la consiguiente bronca del que había quitado el candado, que contaba con que a nadie se le ocurriera descorrer el cerrojo de una puerta por lo demás cerrada) y he cruzado el puente sin un turista alrededor y me ha dado tiempo a unas pocas fotos antes de que llegaran las hordas de guiris -entre los que, por otro lado, me incluyo, que ahí estaba yo cámara en mano el primero-.
Superado el puente y ya con dos horas de retraso sobre lo que había planeado, me he entretenido otra horita más en hacer unas fotos y, sobre todo, en encontrar el camino correcto (tras trepar y destrepar unas cuantas rocas, he llegado a la más que sensata conclusión de que eso no podía tomarse por un camino, me pusiera como me pusiera).
Ya en el camino en sí, la siguiente sorpresa ha sido averiguar de la forma más empírica posible que no iba por el borde de un acantilado como yo esperaba, sino a pleno pie de mar, al principio por el típico prado irlandés, que de repente se ha convertido en una playa cojonuda con sus afanosos irlandeses construyendo castillos de arena y todo (la verdad es que más bien debían de estar levantando una ciudadela, porque eran cuatro o cinco tipos ya con los huevos negros y utilizando palas más parecidas a las de construcción que a la mítica del cubito).
A lo largo de la ruta, la senda vuelve a subir y a alejarse del mar, pasando de la playa a zonas de piedras, de ahí a los prados y a ratos, como no puede ser de otra forma con esta lluvia, al barro. Muy variada la ruta, sí señor, con sus acantilados y todo, y unas permanentes vistas que alternaban entre impresionantes y bucólicas, según tocara precipicio o pradito con ovejas.
Seis horas de sucesión de los susodichos paisajes desembocan en la Calzada de los Gigantes. La Calzada en cuestión es una auténtica maravilla. Pero con lluvia, viento, frío y un constante hormigueo de turistas, tiene un encanto mucho más particular que en las postales, creedme. Pero bueno, lo importante es estar ahí en persona; la imagen para el recuerdo ya la pillarás de cualquier revista.
El caso es que entre proteger la cámara de la lluvia y esperar a que diversos italianos se quitaran de delante, se me ha escapado el último bus de vuelta.Y la jodía de Turismo no ha podido evitar reirse cuando le he preguntado si había al menos alguna forma de acercarme hasta el pueblo donde me alojo.
Cuando pierdes un bus por estar haciendo unas fotos que, encima, no son particularmente buenas, sólo puedes pensar una cosa: "hala, a andar", con lo que duele pensar eso después de todo el día pateando, con 11 km en perspectiva -por carretera atajas, sin vistas, pero oye-, calado y todavía lloviendo. Eso sí, me alegré mucho de no tener a nadie al lado que se pudiera cagar en mí y en mis puñeteras fotos (sí, César, Iñigo, Perujo, Vinchi, estoy pensando en cualquiera de vosotros...).
¿Por qué no cogí un ta- qué? Los taxis hasta aquí no llegan; aquí la gente se mueve en tour o en coche. Aunque también es verdad que no se me habría pasado por la cabeza, que si a un sitio no va ni Dios en taxi probablemente sea porque es demasiado caro, como ya confirmó Galileo cuando le insistieron en que el taxímetro no corría ("Y sin embargo se mueve").
Vivida la experiencia, un consejo para caminantes, sobre todo de carretera: nunca olvides tu iPod. Me he enchufado la música y me he ventilado los 11 km de regreso en hora y media como un loco. ¡Soy un animal, soy un animal!
Ballintoy (Irlanda del Norte), 15 de agosto de 2008.
Pd.: Si en el relato no habéis encontrado ninguna pausa para comer, no es que os la haya resumido, es que hoy no tocaba... Un sandwich envasado para desayunar y después en todo el día no ha habido ningún lado para comprar ni una miserable chocolatina. Eso sí, me he metido una cena con postre y todo. Vivan los lujos. August 13 Profanando tumbas ¿Cómo verán en el futuro nuestras tumbas? ¿Habrá algún mamarracho que haciendo turismo se meta dentro a grabar un vídeo absurdo? He estado en las "tumbas corredor" ("passage tombs", no estoy seguro de que "corredor" sea la traducción más correcta) de Carrowmore y Carrokeel. Comparados con nuestros agujeros, los dólmenes son tumbas espectaculares; comparados con las pirámides, no valen una caraja. Carrowmore no es gran cosa. Quizá la visita guida lo haga más interesante (por lo que oí, me da la impresión de que meramente lo hace más largo), pero si no, salvo que seas un afanado del Neolítico, lo único que ves son pequeñas montañas de hierba sobre las que sobresalen unas piedras (excepto la tumba que está desenterrada, que ahí sí se aprecia el dolmen entero). El folleto que te dan sirve poco más que como mapa, pues la información que te da es escasa y mal traducida. Vamos, que no merece la pena..., hasta que vas a Carrowkeel. En Carrowkeel los dólmenes son mucho más grandes e incluso te puedes arrastrar al interior; una vez dentro, son lo bastante espaciosos como para ponerte de pie sin agobios. Vaya, que mola mucho más. Pero aquí sí que no hay nada de información, ni un miserable cartel, con lo que el escueto folleto de Carrowmore se convierte en toda una referencia enciclopédica. Todo es cuestión de comparaciones. Sligo (Irlanda), 13 de agosto de 2008. Give me shelter Diluvia. Estoy medio guarecido en el porche de lo que parece ser la caseta abandonada de un proyecto de la Unión Europea. A lo largo de la puerta en la que me respaldo, las telarañas se superponen unas a otras, hasa el punto de que algunas han alcanzado tal densidad que estoy seguro de que son más resistentes que la propia cochambrosa puerta. He hecho lo posible por buscar refugio en un barcillo durante las cerca de tres horas que tengo que estar esperando al bus. Pero no me sale. Lo de quedarme horas en un establecimiento con una consumición, no me sale. He pedido roast beef y he comido lo más despacio posible; incluso me he quedado escribiendo un post. Pero no he aguantado siquiera hora y media. Y no es que me hayan echado, es que se me hace raro estar yo solo sentado sin tomar nada. Supongo que si fuera con más gente, al estar hablando disimulas, pero yo solo... Me imagino que me habrían echado sutilmente en breve. En fin, nunca me había beneficiado tan directamente de los fondos europeos, y menos de que dejaran de darlos. Mucho más bucólico así, dónde va a parar. Castlebaldwin (Sligo, Irlanda), 13 de agosto de 2008 ¡La Virgen de la Cueva! He descubierto que me gustan los días de lluvia porque no hay días de lluvia. Pero cuando se suceden uno tras otro sin dar tiempo siquiera a que se te seque el miserable pantalón de plástico (no tan impermeable como sugiere su nombre), la historia cambia. Galway se considera una región lluviosa entre los propios irlandeses, lo cual ya es muy significativo. Pero además parece que el país entero está atravesando una temporada especialmente lluviosa: hace un par de semanas las lluvias desbordaron las aguas del río Shanon (que pasa por Limmerick, cerca de Galway) y el fin de semana pasado se produjeron riadas en Dublín (incluso con un herido). Para que os podáis hacer una idea, imaginad que llegara una ola de calor al desierto... Pues eso, jarras y jarras de agua están cayendo. Sin embargo, el primer día que llegamos a Galway, estaba soleado (dentro de los parámetros irlandeses, claro) y hoy que me voy a Sligo no ha llovido en lo que va de mañana. Vamos, que no voy a volver moreno, pero al menos las ciudades de este país tienen cierta elegancia a la hora de saludar y despedir al visitante. Galway (Irlanda), 12 de agosto de 2008 Pd: Pese a todo, le sigo encontrando un delicioso aire misterioso a pasear bajo la lluvia o entre la niebla. Y de pronto, un castillo La Sky Road tarda en merecer la pena. Primero hay que llegar hasta Clifden, uno de tantos pueblos irlandeses que consisten en una glomeración de casas de colores a lo largo de unos 500 metros de carretera, unos pocos chalets dispersos entre prados más que jardines y la correspondiente iglesia que debe tener todo pueblo que se precie (en este caso, dos, y ninguna pequeña). Una vez en Clifden, echas a andar. Un par de señales mantienen viva tu esperanza de no haberte equivocado, pues las prometidas impresionantes vistas desde la Sky Road no aparecen por ningún lado. Hasta media hora más tarde. De pronto, si la niebla está por la labor, surge a tu izquierda un brazo de mar que va desde Clifden hasta el infinito, salpicado de basrcas y pequeñas redes de piscicultura. Aquí a la lluvia hay que ganársela. Así que si no te amedrenta la primera media hora de chaparrón, quizá luego te respete durante el resto del camino, que se convierte en una auténtica maravilla. Durante cuatro horas de caminata rápida (aun parándome a hacer fotos, hay que reconocer que ando a buen paso, máxime bajo la amenaza de quedarme sin bus de regreso) se da la vuelta completa a la Sky Road, hasta el punto de que te genera cierta sensación de estar rodeando una isla. Ya de regreso, a poco que te desvíes, te topas con un magnífico castillo en ruinas. Según me contó un lugareño -que decía ser uno de los ocho actuales propietarios de las ruinas en sí-, el castillo lleva abandonado desde 1894, y está ruinoso porque los herederos decidieron quitarle el tejado y las ventanas, de forma que fuera inhabitable y por tanto no fuera considerado vivienda, y, así, no pagar impuestos. La pela es la pela, incluso para la nobleza. Clifden (Irlanda), 11 de agosto de 2008 August 11 Es una buena galleta, eh Recuerdo con especial nitidez, no sé muy bien por qué, una página del libro de literatura de cuarto de la ESO. No estoy seguro de si hablaba de 'La Canción del Pirata' o de los románticos en general, pero estaba ilustrada con un dibujo de un viejo asomándose a un acantilado impresionante contra el que rompían las olas con fuerza. Aquí no hay olas que impresionen al chocar contra las rocas, pero los Acantilados de Moher no hacen más que traerme esa imagen a la mente. Caminas entre la niebla, tan densa que sólo ves el borde de lo que sabes que es un precipicio, pero parece que si siguieses andando caerías sobre un blanco algodón de azúcar, y no que te vayas a despeñar a lo largo de 203 metros hasta el mar. Cada cierto tiempo, la niebla se dispersa; sigue lloviendo, pero esto es lo más parecido a ‘despejarse’ que te puedes encontrar en esta zona. Durante los tres minutos que no hay niebla, disfrutas como loco de la vista, y, francamente, comprendes que la gente venga aquí a suicidarse: si va a ser lo último que hagas, qué mejor que experimentar algo parecido a volar sobre este paisaje maravilloso. Me hacen gracia los carteles que hay al principio del camino por los acantilados de una organización llamada Samaritanos. Sirva éste como ejemplo: “Who cares? We do” y un número de teléfono al que llamar si estás pensando en suicidarte. Me imagino la conversación de alguien que ya ha llegado hasta allí: “Hola, ¿están los samaritanos? Que se pongan” “¿En qué podemos ayudarle?” “Que me voy a suicidar” “No, hombre, no. ¿Dónde está usted ahora?” “En los Acantilados de Moher” “Ah, entonces nada. Disfrute de las vistas y haga fotos mientras cae, que siempre decoran mucho en la lápida”. Os dejo un par de vídeos haciendo el payaso. El segundo es sólo para quienes quieran saber si cumplí el objetivo, pero merece la pena verlo sólo por lo flipada que se queda la guiri del fondo... Acantilados de Moher (Galway, Irlanda), 9 de agosto de 2008 Pd: A estas alturas ya os habréis dado cuenta de que estoy empezando a usar los vídeos de Flickr. Ah, lo siento por vosotros... San Martín Mis padres planean matarme. Estoy convencido. Lo he deducido de lo mucho que me cuidan y me ceban. No basta con que hagamos tres copiosas comidas al día; si sobra un sandwich de quién sea, me toca merendármelo o comérmelo a cualquier hora “para no tirarlo”; si alguine no quiere algo, acaba misteriosamente en mi plato; por si fuera poco, si se me antoja un helado o unas patatas, ahí están, y surgen con frecuencia frutos secos de la nada. Acostumbrado a adelgazar siempre que viajo, la constante sensación de saciedad empieza a preocuparme. Algo traman... Galway (Irlanda), 8 de agosto de 2008 Pd: Actualizando a 11 de agosto, con mis padres, Virgilio, Cándida, María y Agustín ya de vuelta en España, con el déficit de comidas y la política de engañar el hambre ya en marcha, gracias por el viaje en general, y por mimarme y cuidarme en particular. August 07 IrresistibleUn barrio de casas residenciales en un publo tirando a diminuto. Ninguna despierta mayor curiosidad, salvo una ruinosa con estos letreros en la puerta. De pronto, visualicé a un dueño huraño que espantaba a los niños a escopetazos, a una pareja de yonkis amargados con el mundo que respondían a gritos ante cualquier intromisión, a una vieja rancia que azuzaba a su gato contra mocosos curiosos... Reconozcámoslo, me invadieron unas ganas terribles de entrar. Sneem (Condado de Kerry, Irlanda), 7 de agosto de 2008
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