Samerdeck's profileDe bandera, la ilusión.....PhotosBlogLists Tools Help

Blog


    November 22

    Y ya ha pasado un año

    -Miguel, ¿llevas clinex?
    -¿Clinex? ¡Mamá, yo no lloro en las bodas!
     
    Veinte minutos más tarde, dos gordas gotas amenazaban con echar por tierra mi rotundidad. De eso ha pasado ya un año y sigo pensando lo mismo: no lloro en las bodas. Pero es que esa boda fue especial. No había estado nunca en una boda como ésa. No creo que nadie haya estado nunca en una boda como ésa. No sabría decir por qué, pero creo que el hecho de que haya varias personas que recordemos ese día como uno de los más especiales de nuestra vida sin ser ninguno de los implicados, me da la razón.

    Jale y Rizos hicieron una boda como ellos. Una boda que llega al corazón. Una boda que llena el corazón. Y desde entonces, su matrimonio sigue llenando corazones. Vir lo ha explicado hoy como nunca podría explicarlo yo: es un matrimonio en el que el amor va más allá de la pareja. Se quieren tanto, que su amor les trasciende y nos llega a todos. Y nos hace felices a todos. Por eso su regalo de boda se fue directo a proyectos de cooperación. Por eso su viaje de novios les llevó al interior de Etiopía. Por eso su proyecto de pareja se centra en salvar el futuro de chavales con problemas.

    Durante años, los dos fueron un ejemplo siempre presente en mi actitud como monitor. Después, los dos se convirtieron en un ejemplo de cómo crecer en la pareja. Y ahora llevan ya un año siendo un ejemplo de cómo me gustaría que fuera mi matrimonio. Sí, poco a poco, han pasado de grandes amigos, a grandes modelos.

    Feliz aniversario. Os quiero.

    Bata (Guinea Ecuatorial), 22 de noviembre de 2009

    Más vale una imagen

    Para todos los que queréis saber cómo va nuestra convivencia con los gusanos (parece, por cierto, que hemos llegado a una victoria pírrica: hemos cortado el agua corriente y, por lo visto, sin agua corriente se mueren. A cambio, nosotros sacamos agua del pozo y damos el agua sólo cuando vamos a filtrar agua para llenar el cubo con el que después ducharnos. La del pozo, por cierto, la usamos sólo para fregar cacharros y también la filtramos, porque aunque no tiene estos gusanos asquerosos, tiene otros más pequeñitos y que dicen que son las larvas de los mosquitos. Es verdad que se supone que esos, mientras no te los comas, no pasa nada -los otros parece que pican-, pero bueno, no hay necesidad de arriesgarse). Para los que os apetezca saber más cosas de nuestra vida cotidiana (y no tanto tocho pseudo reflexivo). Para los que todavía no tenéis muy claro a qué he venido yo (aparte de a disfrutar). Para los que queráis empezar a poner cara a nuestra gente por aquí. Para los que no os apetece un carajo leer. Y, sobre todo, para los que no os habéis dado cuenta de que pinchando en cualquier foto de las que he subido ultimamente vais a mi álbum (sorprendentemente, no ha sido el caso de mis padres), aquí os dejo el link al álbum que llevo en flickr: Guinea 2009-2010. Las fotos están comentadas para iros explicando un poco qué hacemos por aquí. Vosotros también podéis comentar todas las fotos, así que no os cortéis. Aquí os dejo una para ir abriendo boca.

    Seminario Pozos La Libertad0029


    Bata (Guinea Ecuatorial), 21 de noviembre de 2009
    November 15

    Se acabaron las duchas

    Gusano de los grifos


    23 gusanos. Ha sido el tope que hemos tolerado. Los gusanos se han ido sintiendo cómodos poco a poco, dejándose ver cada vez con más frecuencia. No sabemos muy bien de dónde salen, pero nosotros los vimos por primera vez en la ducha. Aparecía uno o dos cada vez que te duchabas. Pero pusimos la gasa, y pensamos que eso los retendría. En seguida nos dimos cuenta de nuestra ingenuidad. Seguían asomando. Les costaba más aparecer a través de la gasa, pero se dejaban caer (literalmente…).

    Poco a poco fueron apareciendo más. Vir y yo empezamos a tener una competición no deseada de ver a quién le aparecían más gusanos en cada ducha. Cuando ya anunciaba que me habían caído 5, cuatro de los cuales me los había tenido que quitar del cuerpo, ella anunciaba 7. Hasta que el sábado canté bingo: ¡23 gusanos, premio para el caballero!

    Y lo peor no fue el record, fue que encima llegó el día siguiente a nuestra operación anti gusanos. Convencidos de que habían hecho un nido en la manguera de la ducha, el viernes por la noche nos quedamos en casa y chorreamos lejía por el tubo. Guerra química. Quitamos la gasa, comprobamos que estaba llena de gusanos, dedujimos que quizá habían puesto huevos en la propia gasa y comenzamos el ataque.

    Un par de minutos después del bombardeo, abrimos el grifo y empezaron a caer en parejas, tríos y demás suerte de orgías. Vir, ofuscada en aniquilar, pensó que si la lejía no podía con ellos, quizá dejando correr el agua acabaran saliendo todos. Litros y litros de agua se fueron por el desagüe sin que dejaran de aparecer gusanos. Su conciencia ecológica la llevó a rendirse, bastante influenciada también por la posibilidad nada remota de acabar con todo el agua del aljibe.

    Mi ducha del día siguiente confirmó nuestra derrota. Vir empezó a ducharse a cubazos. Era nuestra última opción, basada en que sólo salían gusanos del grifo de la ducha y, por tanto, podíamos contar aún con el apoyo del lavabo. Hoy hemos perdido también esa atalaya. Y, lo peor, tras comprobar que ya salen gusanos también del grifo del lavabo, Vir ha quitado la gasa correspondiente –llena de gusanos, como era de esperar- y ha ido a contrastar nuestros temores en la cocina. Sí, también hay gusanos en el grifo de la cocina.

    Hemos comprobado que ya salen gusanos de todos los grifos de la casa (de todos por los que corre el agua, claro). Vir está ahora mismo buscando por internet qué cuentan sobre gusanos por el grifo y estamos en plena reflexión sobre si debemos ducharnos, lavar la ropa o cocinar con ese agua. Típico problema doméstico.  

     

    Bata (Guinea Ecuatorial), 15 de noviembre de 2009

    November 11

    La clave

    La cesta de la compra

    La sal, de Cádiz; los garbanzos, de Barcelona; la leche en polvo, de Holanda; el aceite, de Madrid; el café, de Brasil; la leche, de Marruecos; las galletas, de Palencia; el arroz, de Mali... Y así, un internacional etcétera. El primer día de supermercado a nosotros también nos impactó. El segundo, bastó con una simple indignada resignación. Todo es importado. Todo.

    Después llegó el mercado tradicional y la yuca (principal causa de obesidad en los mayores de 40 años en este país), y la remota posibilidad de un consumo local. Pronto tiraron nuestras fantasías por tierra al contarnos que los tomates vienen de Camerún. Empiezo a pensar que importan hasta los mosquitos. Hasta las artesanías las importan, y no digo más...

    Para colmo, el cargador de baterías solar que nos trajimos en un alarde de sostenibilidad, ha muerto. Parece ser que sí que coge energía, pero no la suelta. Debe de ser que se ha enterado que aquí todo lo que viene de fuera tiene más valor. Además, el agua tiene que ser embotellada. Hemos conseguido sustituir el aire acondicionado por un ventilador nocturno, pero para el resto del día no se puede quitar, por prescripción médica, so pena de lipotimia. Aunque empezamos a descubrir las distancias a pie, Bata es más bien un scalextric que sólo se ve desde la ventanilla del coche.

    En fin, que habrá que aceptar que aquí lo máximo a lo que podemos aspirar es a una vida muy ligeramente sostenible.

    Pero, como vacuna para nuestra resignación, hace unos días, Sandra y Gonzalo, unos amigos, nos dieron la clave para nuestra preocupación. Y, como suele ocurrir, la solución pasa por una máxima esencial: "solo no puedo. Con amigos, sí".

    Nos remitieron a un mítico capítulo de Friends (serie de referencia para todo lo que pueda pasar en la vida moderna y activa, a la vista está) en el que Phoebe, la vegetariana, está embarazada y le entra antojo de carne. Joey, básicamente carnívoro, le ofrece que, para que no mueran más vacas y ella pueda comer carne con la conciencia tranquila, él dejará de comer carne hasta que dé a luz.

    Siguiendo este ejemplo, Sandra y Gonzalo se han comprometido a no tomar cereales Kellog's, a sabiendas de que son los únicos que podemos encontrar aquí. Y eso que ni siquiera están muy convencidos del tema de los transgénicos.

    La idea es de por sí preciosa y el gesto es digno de un enorme abrazo, fueran cuales fuesen las circunstancias. Pero aquí, especialmente. Especialmente, porque aquí resulta insultantemente evidente (por contraste) lo fácil que es en España reciclar y hacer las cosas un poquito bien. Y, por extensión, resulta insultante que no lo hagamos.

    Así que os propongo apoyar la propuesta de Sandra y Gonzalo: que cada uno de vosotros adopte una práctica ecológica que nosotros aquí no podemos hacer. ¿Quién se apunta a echarnos una mano?

    Bata (Guinea Ecuatorial), 11 de noviembre de 2009



    November 05

    El país del cola cao

    Alfombra roja para nuestra llegada a Bata. Después de ver angustiados cómo los encargados del equipaje miraban confundidos unas maletas que no deberían estar en el vuelo que estaba a punto de salir (más que nada porque deberían haber estado en el del día anterior), ayer por fin llegamos a Malabo, sin ninguna confianza de tener equipaje alguno. Pero, tranquilos, por suerte, perdí la porra: llegaron todas las maletas.

    En el puesto de control de pasaportes de Malabo, un cartel curioso: "Por favor, respete los derechos humanos". Vaya, como el que pide que por favor no fumes. "Perdone, si no le molesta mucho, ¿le importaría no torturarme?". El cartel no decía exactamente eso, y sí que hacía hincapié en que la ley prohibe cualquier tipo de tortura, y que hay que proteger a los detenidos y bla, bla, bla... En fin, no deja de ser paradójico.

    De Malabo cogimos otro avioncillo -más próximo a la avioneta de Los Rescatadores que al Concorde, si he de hacer comparaciones- a Bata, donde al aterrizar nos esperaba el ejército con la alfombra roja puesta. Estos guineanos, que son de un protocolario... Por lo visto también vino anoche el presidente de Sudáfrica, pero bueno, que se joda, que la alfombra ya está estrenada.

    Para entrar en el país tuvimos que pasar el rutinario control de pasaportes (que aquí incluye una fotito en el acto y consulta médica a Vir -puesto que era la poli que le estaba dejando entrar al país, le pareció mal decirle que no estaba en horario de consulta), el algo menos rutinario control sanitario y el esperadísimo control de maletas. He de reconocer que iba preparado para estar horas, máxime después del calentamiento francés en el Charles De Gaulle, donde, a pesar de mis advertencias, me hicieron vaciar por completo mi mochila de elementos electrónicos. Por supuesto, consiguiente colapso de la fila. Pero en Bata, cuando ya estaban empezando a sacar cosas, el poli de al lado le encontró a Vir el fonendo. Dieron por sentado que todos éramos médicos. Oye, contraseña correcta. En cuanto oyeron lo de médicos dejaron la revisión y nos dieron paso franco.

    Dani (el coordinador de proyecto aquí. Ya haré una presentación en condiciones de la gentecilla del lugar, con fotos y todo) nos recogió en un magnífico 4x4 y nos explicó que la imponente presencia policial y el corte de las calles a nuestro paso no es lo normal. El presidente de Sudáfrica, que prefiere pasear solo. El coche se detuvo ante una verja negra que escondía una casa colonial preciosa.

    Vir y yo en nuestra habitación en Bata

    La casa es más grande que todas las casas de mis padres juntas. Es la casa-sede. El cuarto de arriba son nuestros dormitorios (Vir y yo en uno, Ana en otro) y un despacho para los expatriados; el cuarto de abajo es la sede donde trabaja un huevo de peña. No creo que Virus y yo aspiremos nunca a vivir en semejante mansión. Lo único malo es lo de que las cisternas no funcionen o que el agua no sea potable, pero vaya, minucias para quitarle glamour, ampliamente compensadas por el aire acondicionado en cada habitación, elemento de lujo superfluo en un principio, herramienta básica de supervivencia poco después de una hora. 

    A lo del agua estamos intentando adaptarnos poco a poco. Para beber no hay tu tía: embotellada, so pena de cólera. Pero estamos investigando si el purificador que tenemos funciona para intentar filtrar el agua (después de haberla hervido bien previamente) y que nos sirva al menos para cocinar y lavarnos los dientes. Porque no, con el agua del grifo no se puede uno ni lavar los dientes. Llamadlo paranoia, pero oye, es que al abrir el grifo, el agua arrastra mierdas de pájaro, en tal grado de compactación que parecen barro. Por lo visto el agua del grifo proviene de un aljibe que se llena con la lluvia..., y con todo lo que caiga. De hecho, esta mañana al ducharme (agachado, dicho sea de paso, porque el cable de la ducha no me llega a la cabeza), la duda ha sido inevitable: ¿este agua limpiará o ensuciará? Nadie ha comentado nada respecto a mi olor a lo largo del día o sobre si llevo o no cagarrutas de pájaro en la cabeza, así que supondremos que limpia.

    Hoy ya hemos empezado a trabajar. La verdad es que se trabaja duro. De 8:00 a 15:00, cierto, pero la gente está superconcentrada y no se estila perder el tiempo (excepción hecha de la pausa para el café). Vaya, que quién pillara un trabajo así en Madrid. No, pero en serio parece que va a haber mucho trabajo, y, la verdad, eso está guay. Entre el vuelo y el seguro nos hemos gastado una pasta como para no aprovechar el tiempo aquí. Vir está un poco aturdida ante el cambio de protocolos y cómo el tratamiento de algunas enfermedades aquí no tiene nada que ver (por no hablar del diagnóstico: ¿quién diría en España que fiebre y tos es malaria?). A mí eso, claro está, no me afecta tanto. El programa de radio seguramente empiece la semana que viene, y por ahora me he puesto con el diseño de un par de manuales de salud.

    Quizá para mí el momento de mayor impacto por ahora haya sido la compra. Sí, no suena muy antropológico, pero oye, nunca fui el Doctor Livingston. En tiempos de la colonia/provincia española, casi todo el cacao que llegaba a España venía de aquí. Con este dato muchos entenderán al fin qué coño hacía "aquel negrito del África tropical" preparándonos los desayunos. Pero eso fue antes del petróleo. Hoy, aparentemente, en este país sólo hay una empresa: la que embotella el agua. El resto, todo lo demás, absolutamente todo lo demás, lo importan. Cuando digo todo, me refiero hasta el gas, que ya tiene cojones cuando tu principal fuente de ingresos es el petróleo. Bueno, pues la bombona que acabamos de poner es de PetroGabón. Claro, la primera consecuencia de esto es que los precios se disparan muchísimo. En la compra de hoy nos hemos gastado unas 40.000 cefas, más o menos unos 60 euros, cerca del doble de lo que nos hubiéramos gastado en lo mismo en Madrid. Supongo que será cuestión de renunciar a muchas cosas que tomamos en Madrid (como el queso rallado, por hablar de lujos) o de buscar los trucos indígenas. Porque algún truco tiene que haber. Si no, no entiendo cómo sobrevive esta gente.

    Bata (Guinea Ecuatorial), 4 de noviembre de 2009.


    November 04

    Siempre nos quedará París


    Torre Eiffel HDR

    Cuando uno oye que África se está occidentalizando, no se espera algo semejante. Nuestra llegada a Malabo guarda una semejanza tal con una llegada cualquiera a París que uno podría decir que hemos perdido el avión y nos hemos quedado tirados en la capital francesa. En concreto, lo podría decir perfectamente la mujer que nos ha dicho que nuestro vuelo ya se había ido.

    Como postal, es estupendo que el primer monumento que visitas en tu viaje a Guinea Ecuatorial sea la Torre Eiffel…

    Pd: Se abren las apuestas. Si tres aeropuertos ya eran mucha tentación para los perdedores de maletas, esto es rizar el rizo. Hemos facturado entre tres (se nos ha sumado Cecilia, una chica muy maja de Ecuador que andará también por Bata) cinco maletas. Yo digo que llegan cuatro. ¿Quién da más?

    París (Francia), 2 de noviembre de 2009