Samerdeck's profileDe bandera, la ilusión.....PhotosBlogLists Tools Help

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    December 18

    ¿Qué necesidad había de todo esto?

    Fin. ¿Y ya está? No, este viaje ha sido demasiado especial como para terminarlo con un simple punto final, y compartirlo con vosotros ha sido un componente básico, tanto del viaje como de su especialidad: se impone una despedida, así del viaje como del blog.

    Del viaje, la verdad, me cuesta despedirme, porque por mucho que me alegre de volver a veros, impulsa mi sangre una vena viajera. Del blog, francamente, se impone más una explicación que una despedida.

    Tengo un amigo -de esos a los que tengo la suerte de meter en los dedos de la mano- que no asimila esto de los viajes, y constantemente me pregunta, "¿Pero qué necesidad hay?". Necesidad, ninguna.

    Viajar, en cierto modo, guarda un ligero parecido con comer caviar o un buen entrecot: la necesidad es comer, el entrecot es, simplemente, para comer algo mejor. La necesidad, Jorge, es vivir, viajar es, simplemente, para vivir algo mejor.

    Ojalá este blog te haya ayudado a comprender ese bicho que tanto tu novia como yo llevabamos dentro, y, ojalá al cuadrado, te haya animado a descubrirlo en carne propia, que buena maestra tienes que te lo contagie.

    Un abrazo enorme (y un millón de gracias) para todos los que habéis viajado aquí conmigo, pero uno muy especial para ti, Rizos, porque este blog ha sido siempre, de un extraño modo, para ti.

    Bangkok, 18 de diciembre de 2006

    December 17

    La canción de Otero

    Con dos alforjas por banda,
    viento en popa, a toda rueda,
    no surca el mar, pero vuela
    un jinete en bicicleta.
     
    Corcel de acero que llaman
    La Vetusta, por su edad,
    en todo taller conocida
    de Santiago hasta Vietnam.
     
    Que es mi bici mi tesoro,
    que es mi dios la libertad,
    mi ley, la pendiente de la cuesta,
    mi unica patria, el pedal.
     
     
    Bangkok (Tailandia), 17 de diciembre de 2006
     
    P.d.: Para los que piensen que tampoco hemos usado mucho la bici: más de 1.800 km.
    December 14

    Laos

    Haz tubing durante todo el día, parándote de vez en cuando para beber algo y saltar en tirolina; cuando acabes, cómprate un estupendo bollo en una suculenta panadería y siéntate a disfrutar de capítulos ininterrumpidos de "Friends": bienvenido a Vang Vieng.

    Aunque Friends y el tubing son algo más particular de Vang Vieng, las espléndidas bollerías parecen ser la norma en Laos, o al menos las hay por doquier en las tres ciudades que hemos visitado del país.

    Vientiane, ya entrando más en detalle, es una especie de pueblo grande, con apenas doscientos mil habitantes, algo, por otro lado, muy adecuado para ser la capital de un país con poco más de seis millones de nativos. Para que os hagáis una idea de lo concurrido que está esto, baste la anécdota de que en la estación de bus de Vientiane -porque en Laos, contradiciendo todos sus índices de desarrollo, se estilan las estaciones de bus- nos encontramos con Patxi, aquel madrileño del que os hablé en Siem Reap, hace ya casi tres meses: sin duda el mundo es un pañuelo, pero es que Laos en concreto no es ni un clinex de esos pequeños.

    De Vientiane a Luang Prabang hay 11 horas de autobús, que se hacen casi cortas al compararlas con las 19 horas que nos trajeron desde Hanoi. En Luang Prabang, destacable, supongo que la ciudad en sí misma, de espíritu tranquilo y calles relajadas, llena de pagodas -algunas más interesantes que otras- y con un vistoso palacio real. Pero en fin, como siempre, para más información a este respecto, remitiros a las fotos.

    Desde aquí, unas cinco horas de autobús cubren la ruta que seguimos casi toda la manada de turistas hasta Vang Vieng, paraíso de los mochileros: hoteles tirados de precio (3 $ por una habitación doble con baño y agua caliente) y un bar por cada manzana, todos ellos emitiendo, como os he dicho, "Friends" ininterrumpidamente -salvo un bar, que ofrece como única alternativa capítulos constantes de "Los Simpsons"-. Y, para colmo, tiene el tubing.

    Básicamente, el tubing consiste en deslizarse suavemente sobre el río montado en un flotador gigante formato Aquópolis, yendo de un bar a otro y tirándote en tirolina entre cerveza y cerveza. El resultado de esto es el esperable: la corriente arrastra hasta el pueblo a un buen puñado de borrachos calados hasta los huesos. Si bien semejante actividad no es excesivamente emocionante -al menos si controlas lo que bebes-, es irrefutablemente relajante, y la tirolina aporta en sí misma el componente de diversión que podía echar en falta un abstemio.

    Y tranquilos, que quien guste de actividades más dinámicas siempre puede disfrutar de escalada, treking, espeleología, kayak y otro buen manojo de actividades de montaña que no nos ha dado tiempo a probar: es, por así decirlo, el Jaca de Laos.

    En kayak hemos bajado hoy hasta Vientiane -con una desproporcionada combinación de tuk-tuk, todo sea dicho-, de donde partiremos mañana hacia Bangkok, para cerrar nuestro círculo sudasiático: esto se acaba...

    Vientiane (Laos), 14 de diciembre de 2006

    December 12

    Objetivos cubiertos

    Pluto, Lassie, Snoopy, Colmillo Blanco, Pulgoso, Goofy, Golfo, la propia Dama... Todos, todos, bienvenidos al menú. 

    Nos sentamos en un pequeño restaurante de Hanoi, dispuestos a degustar nuestra comida. La carne no está mal: rica, aunque de textura un poco gomosa, la cocida más jugosa que la frita; podría pasar por carne de cerdo de mala calidad. Pero no, sabemos lo que hemos pedido, y lo que hemos pedido ladra...  

    De hecho, ladraba, como también lo hacía el portador original del higadillo que me comí unos días antes en un mercado de Hanoi. Mientras lo masticaba, la cabeza de uno de sus compañeros, con ése color cobrizo tan carácterístico de la carne asada, me miraba fijamente, con todos los dientes a la vista, como si hubiera estado gruñendo en el momento de meterlo al horno. 

    Compañero de juegos, guardián, policía, cariñosa mascota y, ahora, excelente complemento nutricional, mirar a un perro ya nunca será lo mismo. Es como cuando ves un cerdo o un pollo: simples filetes en potencia. 

    Pero en fin, la percepción del mundo canino de hoy en adelante es algo absolutamente secundario frente a la idea principal: hemos cumplido todos los objetivos. 

    Luang Prabang (Laos), 11 de diciembre de 2006

    December 08

    Mertxerentxat (para Merche)

    Bueno, mucho me extrañaría que Merche llegue a leer este blog, así que, por fa, Begoña, cuando volváis de vuestro viaje por Vietnam (que espero que no os haya llovido tanto como me temo), le dices que le he dejado aquí un par de fotillos para ella: es que como se quedo con ganas de ver el mercado de flores de Hanoi, pues se lo he traído para acá. Por cierto, ya os lo dije en persona, pero nunca está de más insistir: muchas gracias por todo, a los cuatro, porque fue un verdadero gustazo pasar unos días con vosotros.
     
    A los demás, os comunico que ya he actualizado las fotos, así que hay algunas nuevas en el álbum de Tierras centrales y es completamente nuevo el álbum entero de Hanoi y Tierras del Norte. Con estos dos acabamos Vietnam, puesto que hoy hemos entrado en Laos, tras 19 horas de viaje en bus (en principio iban a ser como mínimo 22 horas, así que, ni tan mal...). Todavía tengo que contaros una cosilla de Hanoi, pero eso ya caerá en otro post. ¡Disfrutad de las fotos! (y votad, leñe, votad)
     
    Vientiane (Laos), 8 de diciembre de 2006
    December 07

    Just married

    Enciendes la pantalla y te sientas a ver la mítica peli preludio de la siesta: dos turistas occidentales arrastran por los sobacos a su guía de rasgos considerablemente asiáticos a través de las montañas. La pantalla, la de tu ordenador; las montañas, las de Vietnam; los turistas, estos dos pobres tarados; la película, un treking surrealista. 

    Dos días dándonos cabezazos contra el muro de la niebla y la prohibición de los guardias forestales fueron escasamente suficientes para desechar nuestro ascenso al Fansipan; en su lugar, tres días de un treking semidesnatado visitando un par de minorías étnicas de las montañas.  

    Pese al evidente interés antropológico de la excursión, no podíamos evitar una ligera desilusión, compensada hasta cierto punto por una guía dicharachera y con buen nivel de inglés: se perfilaba como firme candidata a mejor guía del viaje. Quizá para ganar votos en este particular Miss Guía 2006, quizá por interés particular, Mimi, la ya citada guía, nos dice que al día siguiente se casa su mejor amiga y que si queremos podemos asistir a la boda -tradicionalmente hmong-. Del título de este post y de lo mucho o poco que podáis conocernos, deduciréis que no dejamos pasar la boda. 

    La crónica del primer día transcurre sobre caminos permanentemente embarrados que, tras apenas cuatro horas de marcha, desembocan en un "homestay" compartido con una pareja de irlandeses y seis israelitas. Mucho frío, aun más niebla, incluso más comida y un buen puñado de risas culminaron la jornada, para dar pie a una auténtica manada de tortitas con las que recibir el nuevo día. 

    Apenas dos horas después del interminable desayuno, nos sentábamos en el banquete de boda, frente a un montón de carne desagradablemente grasa que nos retaba a no reventar. De la ceremonia os puedo contar poco, dado que es estrictamente privada y restringida a los padres y principales familiares. De la comida, lo más esencial: los brindis. 

    Una bebida muy típica en Vietnam y casi exclusiva en esta zona es el vino de arroz. Normalmente se toma en vasos pequeños, como chupitos de tequila; pero en las bodas hmong, según parece, se sirve en cuencos de arroz -de hecho, tienes que vaciar el primer cuenco para que te sirvan el arroz en el mismo-. Para allanar el camino hacia la intoxicación etílica, cada vez que alguien hace un brindis hay que beberse uno de esos boles entero y de un trago y, como en toda boda en cualquier parte del mundo, la gente brinda constantemente. 

    Dado que ya debéis de estar muy próximos a imaginaros las razones que nos llevaron a la imagen inicial de esta película, permitidme un breve paréntesis en el que describiros la constante pelea de las más que tercas mujeres hmong para hacerme beber el vino. Puesto que no bebo alcohol -y mucho menos si prácticamente me obligan- y partiendo de la base de que las montaraces de esta etnia no saben palabra de inglés con el que explicárselo, os haréis a la idea de que buena parte de la celebración consistió para mí en empujar un vaso del que se derramaba vino: ellas llevando el vaso hacia mi boca, yo hacia cualquier otra dirección.

    Explicada así la tenacidad de las hmong, os figuraréis que no es fácil hacerlas dejar de beber, así como tampoco lo es convencerlas de que no están en condiciones de seguir el treking, por mucho que sea la guía. De este modo, tenemos una Mimi incapaz de tenerse en pie mientras Iñigo y yo la arrastramos casi en volandas, al tiempo que intentamos sonsacarla donde se supone que deberíamos dormir. 

    Cuando por fin lo averiguamos, nos montamos en dos motos, turnándonos Iñigo y yo para hacer de "cinturón" de Mimi y llevándonos cada uno nuestra ración de vómito e insultos -claro, que peor era el aluvión de golpes que le tocaba al conductor cada vez que la borracha conseguía soltarse una mano-. 

    Las disculpas de nuestra guía han borrado cualquier rastro de resentimiento, pero han dejado indeleble una lección: bebed siempre en vaso y tratad de pensar una razón para cada brindis; probablemente entonces los brindis aumenten en proporción inversa a vuestro grado de alcoholización. 

    Sapa (Vietnam), 6 de diciembre de 2006

     

    December 03

    Puesta al día

    Una niebla densa y húmeda lo cubre todo, empapando cualquier cosa que permanezca en la calle más de diez minutos. Encerrados en el hotel, me aferro a una taza de té, no por su sabor, sino por el calor del agua hirviendo. La verdad, no hay muchas expectativas de que esto mejore 2000 metros más arriba.

    Estamos en Sapa, la capital montañosa de Vietnam, y detrás han quedado ya Hoi An, Danang, Hué, Ninh Binh e incluso Hanoi y después la Bahía de Halong.

    Hoi An es al mismo tiempo una enorme galería y una sastrería ambulante; Danang no ha sido más que un punto de paso a 40 km en bici para coger un bus hacia las maravillas imperiales de Hué, sin duda la ciudad más bonita que hemos visto en Vietnam; Ninh Binh es una maqueta a escala de la impresionante Bahía de Halong, y representa en perfecta proporción su tamaño y su belleza; y Hanoi es, finalmente, una meta a 95 km en bici.

    Una meta porque, desde que supimos que los padres de Iñigo venían a Vietnam, el viaje tomó un ligero tinte de carrera, en la que teníamos que organizarnos bien para llegar a tiempo a la cita. Y como suele ocurrir al cruzar una meta, la sensación es que sin duda la carrera ha merecido la pena.

    Y la satisfacción no radica sólo en la despensa de embutido que nos han dejado, sino sobre todo en el hecho de que tanto Carlos y Begoña -los padres de Iñigo- como Agus y Merche -unos amigos de los padres- han reforzado mis estereotipos de los vascos: gente bonachona, franca y generosa, amigos de una charla tranquila y de risa siempre sincera; ha sido un placer y una suerte compartir estos días con vosotros.

    Pasado el paréntesis fraternal y con la inyección de fuerzas de quien de nuevo come tres veces al día, nos ha sorprendido el invierno, obligándonos a reestructurar el vestuario y pertrecharnos para subir al Fansipan, el techo de Indochina (3.143 m). Por ahora el horizonte se extiende a tan sólo dos metros de uno mismo, para convertirse más allá en un infinito muro blanco; veremos qué vientos soplan de aquí al lunes y hacia dónde nos arrastran.

    Sapa (Vietnam), 2 de diciembre de 2006

    December 01

    Apuntes para ciegos

    En línea con mi habitual perspicacia cognitiva, me he dado cuenta repentina de algunas otras obviedades que bien podrían considerarse tradiciones en este país. 

    Costumbre es, por ejemplo, andar por en medio de la calle, hábito especialmente recomendable en horas nocturnas. Si ya durante el día resulta considerablemente infructuoso  intentar avanzar por la acera, dado que aquí parece ser un término incluido en el campo semántico del parking, intentar hacerlo por la noche puede entrañar una cierta amenaza para la salud.  

    A partir de una determinada hora, más bien tardìa, ratas del tamaño de mi antebrazo se adueñan de los bordillos: aprovechan el vacío temporal desde que los indígenas arrojan la basura a la calle hasta que pasan a recogerla para hacer su particular cosecha; cosecha que, a su vez, abre la veda para los gatos, que cruzan hiperactivos la calzada, quizá desconcertados ante la masiva  afluencia de presas, quizá amedrentados ante la expectativa de una revancha organizada. 

    También habitual es la comida para llevar, habitual hasta el punto de ridiculizar las pueriles ocurrencias del tío Sam y su fast food. Aquí todo tiene su formato móvil, desde bandejas de porespán para el arroz o la mandioca, a la omnipresente bolsita de plástico para cualquier tipo de bebida o, incluso, pho: la tradicional sopa vietnamita se sirve absolutamente segmentada, con la bolsita correspondiente para cada ingrediente.   

    Todavía más frecuente es ser el primer cliente del día: al decir de las dependientas, trae buena suerte ser el primer comprador, con lo que da la impresión de que las tiendas son económicamente insostenibles, pues compres a la hora que compres, eres el primero. Abusan así de éste argumento hasta agotar su utilidad, momento en el que recurren insistentemente a "please, you help me", generando un interesante híbrido de márketing comercial y mendicante. 

    Así que, si venís para acá, integraros: ganaros el cielo ayudando a un pobre comerciante y que os meta en bolsa de plástico algo que echarles a las ratas. Eso sí, intentad darles comida de calidad, pues, imbuídos como estáis de esta cultura, quizá descubráis demasiado tarde de qué era la carne de vuestro pho. 

    Hanoi (Vietnam), 29 de noviembre de 2006