June 09
Ella no está nerviosa. Nunca se pone nerviosa. Mueve los hombros, retuerce el cuello y se cruje la espalda, pero no se pone nerviosa. Sube al escenario, trastea con los papeles y, mientras todos los demás han dado un soplido monocorde, ella se marca tres o cuatro notas rápidas. Vacila. Y cuando al terminar se tiene que levantar para saludar al público, lo hace con cara de protesta, de "joder, qué coñazo". Pero se levanta, saluda y sonríe. Está por encima de la parafernalia de los conciertos. Es divina. Pero se lo perdonamos, porque mueve los hombros, retuerce el cuello y se cruje la espalda.