Samerdeck's profileDe bandera, la ilusión.....PhotosBlogLists Tools Help

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    July 30

    1968

    En 1968 fueron las olimpiadas de México. Ese mismo año, diez días antes de que empezaran los juegos, en la plaza de Tlatelolco, entre 200 y 300 estudiantes fueron masacrados por la policía durante una manifestación pacífica en contra de la corrupción y la represión en México. Yo, personalmente, no lo sabía...

    Placa conmemorativa de los muertos en la plaza de Tlatelolco



    México DF, México, 26 de julio de 2007

    Por debajo de tus suelas

    Gente, empujones, tiendas, escaleras y de nuevo empujones; carteles, anuncios, "por seguridad, no acepte ayuda de gente ajena al módulo", zonas de exclusión, vendedores de extravagancias, música de todo tipo en recopilaciones infinitas, libros, ciencia, arte... No está mal para un transporte público.

    Me encanta el metro del D.F., en serio. Vale que en hora punta no llegas a pisar el suelo del vagón y que los empujones se convierten en cuestión de supervivencia si no quieres que las puertas del tren te trituren hueso, músculo y tendón. Cierto que el hecho de que haya una zona reservada para mujeres y niños es un indicativo de nada bueno, e innegable que algo más de estabilidad lo haría infinitamente más cómodo.

    Pero, sinceramente, en una ciudad con 20 millones de habitantes y un 40 por ciento de pobreza (en 2003), esperar que el metro no fuera lleno es algo más que ingenuo: es estúpido. Por otro lado, este trasto vuela; en serio: da vértigo.

    Y, sobre todo, el metro es un museo. Evidentemente, la publicidad empapela los pasillos, andenes y vagones, pues ningún ayuntamiento sensato renunciaría a semejante fuente de ingresos. Pero el municipio, la empresa de turno o quién corresponda, ha sabido encontrar un hueco para exposiciones de fotos, maquetas de templos, colecciones de objetos... ¡Incluso una reproducción de la bóveda celeste!

    En fin, quién sea se ha dado cuenta de que el metro es, también, una enorme galería atravesada diariamente por miles de personas a quienes les interesa algo más que el número de cámaras que velan por tu seguridad.

    México DF, México, 26 de julio de 2007

    La memoria recuperada

    Hace siete años llegué a un país que celebraba el cambio de gobierno con la ilusión dirigida hacia un renacer político, esta vez, quizá, alumbrando una democracia real.

    El país que me ha acogido durante este tiempo es, sinceramente, muy parecido; si algo ha cambiado, he sido yo. Entonces era poco más que un crío y México el tercer país que visitaba sin mis padres, después de un par de veranos aprendiendo inglés en Irlanda y considerando como visita al extranjero una breve estancia en algún lugar de Portugal cuyo único recuerdo es un bañador manchado de alquitrán.

    Hoy, me separan de aquel chaval siete años, una carrera, cuatro años en AJIVA, dos etapas de seis meses viviendo en el extranjero, veintiséis países, tres continentes y, por supuesto, toda la gente que se me ha ido cruzando en este camino de regreso a México, que ahora es también casa.

    Hoy, no recorro el D.F. rodeado de "300 jóvenes de más de 40 países": lo hago solo, pensando, reubicando imágenes que deambulaban sin mapa alguno por el escaso espacio que me ocupa la memoria, poniendo cada cosa en su sitio.

    México DF, México, 25 de julio de 2007

    July 25

    Turista accidental

    Me siento de nuevo en la sala común de un albergue, la lonely planet en mano y en espera de mi cita con una cama perdida entre las otras 20 que rellenan la habitación compartida. Otra vez escucho inglés, marco puntos sobre un mapa y cargo dentro de un macuto todo lo que necesito... ¿Todo?

    He vuelto a ser, de pronto, turista en un país en el que hace mucho que dejé de serlo, desde que me abrió las puertas para que me sintiera como en casa. No puedo negar que soy turista habitual de cualquier sitio, pero volver a ser extranjero en México me ha dejado una sensación extraña, quizá porque nunca me había convertido en visitante de forma tan repentina, quizá porque cada billete de autobús que compro me acerca un poco más al final de esta experiencia.

    Hace tiempo que siento que se está acabando una etapa, y ver a pocos metros la meta me lleva mentalmente de nuevo a la salida. Y sé que la próxima etapa será también genial, pero no puedo evitar la sensación de que esta fase ha pasado demasiado rápido, como si no la hubiera completado, sino como si, bruscamente, alguien la hubiera interrumpido: no puedo evitar sentir que no quiero que esto acabe.

    México DF, México, 23 de julio de 2007

    July 21

    Este adios no maquilla un hasta luego...

                                                    Casi toda la plantilla de El Mundo de Tehuacán

    A Sedeño, Néstor, Suzana, Ade, Humberto, Jorge, Ceci, Abel, Juan Carlos, Fany, Abel, Mireya, Esbirra, Cate, Chon, Margarita, Rafa, Miguel, Tirso, Andrés, Vladimir y circulación en general, gracias.

    Pero, sobre todo, gracias a Juan, a Esaú, a Vicente y a Aurelio, esa pequeña camarilla que me dejó colarme en la unidad, que me abrió un hueco en policiaca y que hizo que trabajar fuera lo más llevadero posible incluso en los peores momentos del desdentado: sé que al final he acabado en información general, pero, gracias a vosotros, mi sección en El Mundo de Tehuacán es y será siempre "Expediente", porque vosotros sois la gente con la que he trabajado aquí dentro, vosotros sois mi gente.

    Tehuacán, Puebla (México), 21 de julio de 2007

    July 20

    9 días e infinitas noches

    La capa de polvo no es más alta que mis botas. Las botellas de plástico no se han adueñado de la casa. Las palomitas no han tomado el control de nuestra dieta y, de hecho, seguimos comiendo con cierta frecuencia frutas y verdura. Todavía se ven partes de la mesa, que no ha sucumbido ante el peso de papeles y “jarus” varios. Seguimos saliendo entre semana y aún hacemos la compra en el mercado. Vaya, que no se ha cumplido ninguno de los presagios de los más apocalípticos.

    Pero ya no hay sujetadores colgando en el sofá. Ningún móvil nos desea buenas noches con su pitido sistemático. Ahora, no desaparecen los papeles de forma misteriosa. No se oyen refunfuños durante los viajes de autobús. No hay aplausos caza mosquitos en mitad de la noche. No queda nadie que nos eche la bronca por convivir con el desorden y las galletas se me indigestan sin que nadie me ponga freno.

    Ya no hay un colchón en el que alargar las discusiones y no resuena la depilady. Ya nadie acumula adaptadores. Nadie nos corta el pelo y ninguno queda excluido. En mi ordenador ya no sale tu sesión cuando inicio el Messenger y hace tiempo que no peleo con el Norton. Anatomía de Grey ya no nos acosa ni Miguel Bosé entra en bucle permanente. Mis cucharadas ya no despiertan a nadie y las llaves me pesan con más frecuencia en los bolsillos. Ya nadie desfila para mi cámara...

    Pero, sobre todo, ya nadie, nadie, dice “mamá” con tanto estilo.

    En fin, no lo dijeron los apocalípticos, pero te echamos de menos.

    Tehuacán, Puebla (México), 20 de julio de 2007


    July 13

    Algo que contar

    Han pasado muchas cosas sobre las que debería escribir, o al menos dos esenciales, pero lo cierto es que no creo que escriba sobre ellas: sobre la marcha de Anaïs, ya he dicho suficiente por el momento, y seguro que llegarán más cosas a medida que el eco de su cuarto vacío me diga qué escribir; sobre la marcha de mi abuela, debería decir muchas cosas que, por algún motivo, no me salen, así que sólo puedo decir lo único que he sentido desde el primer momento en que me enteré: ánimo, mamá.

    Pero el tema es que quiero actulizar el blog, y como no se me ocurre qué escribir sobre cosas importantes, os dejo una crónica que escribí para el periódico el día de mi cumpleaños (habiendo dormido escasas dos horas tras la fiesta de despedida de Anaïs y habiéndome despertado en un cataclismo de mierda por doquier -que Anaïs se encargó de limpiar, todo sea dicho-).

    El autobús del lodo

    El viento agita ligeramente un pequeño lazo negro. Ya lo he visto antes: lo he visto en los marcos de las puertas; lo he visto en los quicios de las ventanas; lo he visto en los coches fúnebres que arrastran procesiones de tristeza… Pero nunca lo había visto en un autobús: la ruta a la Sierra Negra está de luto.

    Hace cuatro días, cien toneladas de tierra y piedras acabaron con la vida de todos los pasajeros del autobús número 24, que cubría la ruta entre Tlacotepec de Porfirio Díaz y Tehuacán. Hace cuatro días, el autobús número 24 era un autobús de personas de la tercera edad que viajaban a cobrar pensiones; era un autobús de maestros indígenas y estudiantes; era un autobús de agricultores y campesinos. Pero eso era hace cuatro días… Hoy, el autobús número 24 es sólo un amasijo de hierros y barro que ha escupido ya 32 cadáveres; hoy, es el autobús del lodo.

    Basta con mencionarlo así para que los vendedores del mercado de La Purísima sepan de sobra a qué te refieres. Muchos de ellos vienen también de la Sierra Negra, pero principalmente de Vicente Guerrero. Llegan los días de mercado a las cuatro de la mañana, cargando madera y carbón para venderlos a poco más de ochenta pesos el costal. Al menos ésa es la historia de Jaqueline León Montes desde hace diez años.

    Jaqueline me mira con tristeza cuando le pregunto por el ahora famoso autobús; siente lástima por las víctimas, pero confiesa que el suceso no le ha afectado más allá. No ha notado que hayan bajado sus ventas, no le parece que haya menos compradores ni tampoco menos comerciantes y, sinceramente, sólo un matiz diferencia esta mañana del resto de días de mercado de la última década: hoy ha sentido miedo al venir a Tehuacán. “Podría haber más lavamientos, porque la carretera está muy mal”, protesta mientras recuerda las últimas promesas electorales de arreglar la ruta, resignada ante la expectativa de compromisos muy similares en breve…, con cumplimientos igualmente similares…

    Donato Trujillo Martínez, representante del Consejo Consultivo Indígena, trabaja para que los resultados lleguen antes que las citadas promesas. Agrupados en comisión, cinco secretarios de estado, el dueño de la empresa de autobuses que cubre la ruta a Tlacotepec de Porfirio Díaz, diversos presidentes municipales de la zona y el propio Donato esperan un expediente técnico en base al cual decidir si conviene recoger los restos del cerro o trazar una nueva ruta, al tiempo que planifican la instalación de vallas de protección, investigan las necesidades del camino y comprueban que los familiares de las víctimas reciban las ayudas prometidas.

    En la mira un único objetivo: que este drama no se vuelva a repetir, porque la gente de la Sierra Norte necesita seguir viajando y el autobús que trajo ayer a Donato hasta Tehuacán venía repleto de pasajeros: “La gente, cuando viaja por necesidad, tiene que seguir haciéndolo: tienen que continuar su vida”.

    Tehuacán, Puebla (México), 12 de julio de 2007