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September 12 Reinventándome en MadridBueno, ni esto es ya un blog de viajes, ni yo soy ahora mismo un culo inquieto: curro indefinido (hasta que me echen) y pisito de alquiler; más sedentarismo del que había planeado y contra el que habrá que meter vacunas de viajes cortos. Pero en fin, por ahora no tengo internet y aprovecho sólo un hueco mientras el Gran Cónclave (los cinco de la cúpula directiva de mi nuevo curro) discute mientras nosotros esperamos a que nos llegue el turno de reunión para discutir los temas. El caso es que, desinternetizado, no puedo llevar a cabo el proceso de conversión de este blog en uno de estos normales que la gente escribe también cuando está en casa; pero como firme promesa de que lo haré, dejo este texto y un enlace a un álbum de flickr que me ha encantado (supongo que tarde o temprano yo también acabaré cayendo en flickr y blogger), que me temo que va a ser buena parte del contenido de este blog, al menos hasta que me vuelva a poner en ruta. Sus prometo un post en el que explique un poco mi situación actual, pero en cuanto se me junte un hueco con las ganas. Os dejo; echarle un ojo al álbum de Rebekka, que merece la pena. Madrid, España (por primera vez en este blog...), 12 de septiembre de 2007 September 01 México ArenaMúsica mexicana de fondo para el barullo que organiza la gente que va llegando y los vendedores que gritan cigarros, tortas, refrescos, máscaras... La inmensa mayoría de las 17.000 butacas de plástico verdes, rojas y azules vacías, mientras se van llenando los asientos de las primeras filas. Multitud de brazos extendidos que desembocan en un teléfono móvil con el que pretenden suplir la cámara de fotos que no les han dejado pasar. Cuatro pantallas gigantes colgando sobre el centro de las miradas, todas conducidas por potentes focos al ring. Quedan tan sólo 5 minutos para el inicio y se empiezan a escuchar algunos gritos. A mi izquierda, a escasos 3 metros, dos nuevos focos se encienden, apuntando a un hombre fornido que sujeta un micrófono de Televisa. La gente a mi alrededor comienza a gritar "¡Zorro!", a la espera del saludo de quien parece ser un antiguo luchador rescatado de una jubilación temprana como comentarista de televisión. Se encienden las pantallas, mostrando imágenes de entrevistas a los luchadores y anunciando un importante combate conmemorativo del 74 aniversario de la implantación de la lucha libre en México. Comienzan a sonar bocinas entre el público, silbidos, campanas... Y aparece el presentador, colándose, micrófono en mano, entre las cuerdas del cuadrilátero, y presentando el show que va a proseguir como un espectáculo familiar, máxima manifestación de la libertad de expresión, donde la rudeza es bienvenida: "La lucha libre profesional como obra humana alcanza la categoría de arte", proclama antes de anunciar "De México para el mundo, esta es la lucha libre profesional: ¡iniciamos!". Y entonces sube el volumen de la música y cuatro macizas en bikini menean el culo, lanzando besos a la cámara de televisión, sobre la pasarela por la que aparecen los primeros luchadores: dos mamarrachos embutidos en mayas de tonos negros y plateados, seguidos por otros dos del mismo género, cada uno haciendo gestos al público subiéndose de un salto a las cuerdas del escenario. Se sitúan por parejas, a un lado los rudos, al otro los técnicos, y comienza el combate: primeros agarrones de las nucas, primeras piruetas, malos gestos, gritos y enormes costalazos contra el ring que disimulan golpes falsos y previamente concertados. La gente observa algo pasiva y sólo deja escapar ligeros "ohs" y silbidos ante alguna acrobacia más inspirada. De pronto el combate se sale del cuadrilátero, los combatientes olvidan que es una lucha de relevos y se persiguen unos a otros por los laterales del ring, saltando desde las cuerdas sobre el rival que se retuerce presuntamente adolorido a escasos centínetros del público, justo antes de que una campana anuncie el final del primer asalto. Apenas dos minutos de descanso y la buenorra de turno anuncia el comienzo del segundo asalto, meneando provocadoramente el culo para deleite del público de las primeras filas, que desencajan el cuello y los ojos, y para risas y silbidos de quienes ocupan butacas algo más alejadas, que ahora se resienten de no haber pagado un poco más. El segundo asalto se decanta claramente a favor de los rudos mientras salen a relucir golpes más sonoros y patadas más voladoras. El tercer asalto, precedido de la correspondiente maciza, sigue el mismo rumbo, y los luchadores piden a los asistentes de las primeras filas que se levanten, preparando un golpe especialmete espectacular que finalmente sale mal. En los descansos, los rudos se pavonean victoriosos por entre el público, que para estas alturas llena por completo la zona baja y comienza a cubrir los huecos también de la zona intermedia. El ambiente está ya mucho más animado: entre las butacas brillan barritas de luminosos colores y las bocinas, tambores y gritos hacen innecesaria la música para rellenar el descanso tras el final del primer combate. Tres rubias y tres morenas de revista lucen palmito en bikinis con lentejuelas dando la bienvenida a tres nuevos técnicos y otros tantos rudos. El segundo combate comienza con los mismos agarrones, similares retorcimientos de brazos e indenticos sonoros golpazos contra la lona. El público está ya caliente y gritan cánticos animando a sus luchadores por su nombre: "¡Púrpura, Púrpura!". Y Púrpura los jalea subido a la cuerda después de que todo el mundo enloquezca tras ver a su compañero, Valiente, aplastar a uno de los rudos, saltando con un mortal en el aire desde las cuerdas hasta las butacas de las primeras filas. Dos buenos pechos en un escueto bikini verde anuncian el segundo asalto, en el que los técnicos siguen entusiasmando al tendido y ridiculizando a los rudos con bailecitos vacilones. En un momento dado los tres rudos caen en la cuenta de que aquí no hay reglas que valgan y destrozan juntos a Fabián el Gitano, capitán de los técnicos, cuyos gritos de fingido dolor no tardan en ser seguidos por un bikini rosa fosforito y su correspondiente cuerpazo presentando el tercer asalto, que continúa con la dinámica de tres rudos contra un técnico. Así las matemáticas, las volteretas de los técnicos consiguen volver loco al público y arrancar gritos de "culeros" contra los rudos (que, por qué ocultarlo, también tienen sus forofos), pero no consiguen darles este último asalto, a pesar de lo cual ganan el combate dos a uno, llevando a Fabián a correr entre el público chocando palmas. Llega el tercer combate y todavía quedan dos más, cada uno prometiendo ser más espectacular que el anterior. Pero, con vuestro permiso, el resto de macizas, el resto de patadas, el resto de volteretas, de gritos y de entusiasmo se quedan en mi retina y no en mi PDA. México Arena, México DF, México, 31 de agosto de 2007 |
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