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November 22 Más vale una imagen Para todos los que queréis saber cómo va nuestra convivencia con los gusanos (parece, por cierto, que hemos llegado a una victoria pírrica: hemos cortado el agua corriente y, por lo visto, sin agua corriente se mueren. A cambio, nosotros sacamos agua del pozo y damos el agua sólo cuando vamos a filtrar agua para llenar el cubo con el que después ducharnos. La del pozo, por cierto, la usamos sólo para fregar cacharros y también la filtramos, porque aunque no tiene estos gusanos asquerosos, tiene otros más pequeñitos y que dicen que son las larvas de los mosquitos. Es verdad que se supone que esos, mientras no te los comas, no pasa nada -los otros parece que pican-, pero bueno, no hay necesidad de arriesgarse). Para los que os apetezca saber más cosas de nuestra vida cotidiana (y no tanto tocho pseudo reflexivo). Para los que todavía no tenéis muy claro a qué he venido yo (aparte de a disfrutar). Para los que queráis empezar a poner cara a nuestra gente por aquí. Para los que no os apetece un carajo leer. Y, sobre todo, para los que no os habéis dado cuenta de que pinchando en cualquier foto de las que he subido ultimamente vais a mi álbum (sorprendentemente, no ha sido el caso de mis padres), aquí os dejo el link al álbum que llevo en flickr: Guinea 2009-2010. Las fotos están comentadas para iros explicando un poco qué hacemos por aquí. Vosotros también podéis comentar todas las fotos, así que no os cortéis. Aquí os dejo una para ir abriendo boca. November 15 Se acabaron las duchas23 gusanos. Ha sido el tope que hemos tolerado. Los gusanos se han ido sintiendo cómodos poco a poco, dejándose ver cada vez con más frecuencia. No sabemos muy bien de dónde salen, pero nosotros los vimos por primera vez en la ducha. Aparecía uno o dos cada vez que te duchabas. Pero pusimos la gasa, y pensamos que eso los retendría. En seguida nos dimos cuenta de nuestra ingenuidad. Seguían asomando. Les costaba más aparecer a través de la gasa, pero se dejaban caer (literalmente…). Poco a poco fueron apareciendo más. Vir y yo empezamos a tener una competición no deseada de ver a quién le aparecían más gusanos en cada ducha. Cuando ya anunciaba que me habían caído 5, cuatro de los cuales me los había tenido que quitar del cuerpo, ella anunciaba 7. Hasta que el sábado canté bingo: ¡23 gusanos, premio para el caballero! Y lo peor no fue el record, fue que encima llegó el día siguiente a nuestra operación anti gusanos. Convencidos de que habían hecho un nido en la manguera de la ducha, el viernes por la noche nos quedamos en casa y chorreamos lejía por el tubo. Guerra química. Quitamos la gasa, comprobamos que estaba llena de gusanos, dedujimos que quizá habían puesto huevos en la propia gasa y comenzamos el ataque. Un par de minutos después del bombardeo, abrimos el grifo y empezaron a caer en parejas, tríos y demás suerte de orgías. Vir, ofuscada en aniquilar, pensó que si la lejía no podía con ellos, quizá dejando correr el agua acabaran saliendo todos. Litros y litros de agua se fueron por el desagüe sin que dejaran de aparecer gusanos. Su conciencia ecológica la llevó a rendirse, bastante influenciada también por la posibilidad nada remota de acabar con todo el agua del aljibe. Mi ducha del día siguiente confirmó nuestra derrota. Vir empezó a ducharse a cubazos. Era nuestra última opción, basada en que sólo salían gusanos del grifo de la ducha y, por tanto, podíamos contar aún con el apoyo del lavabo. Hoy hemos perdido también esa atalaya. Y, lo peor, tras comprobar que ya salen gusanos también del grifo del lavabo, Vir ha quitado la gasa correspondiente –llena de gusanos, como era de esperar- y ha ido a contrastar nuestros temores en la cocina. Sí, también hay gusanos en el grifo de la cocina. Hemos comprobado que ya salen gusanos de todos los grifos de la casa (de todos por los que corre el agua, claro). Vir está ahora mismo buscando por internet qué cuentan sobre gusanos por el grifo y estamos en plena reflexión sobre si debemos ducharnos, lavar la ropa o cocinar con ese agua. Típico problema doméstico.
Bata (Guinea Ecuatorial), 15 de noviembre de 2009 November 11 La claveLa sal, de Cádiz; los garbanzos, de Barcelona; la leche en polvo, de Holanda; el aceite, de Madrid; el café, de Brasil; la leche, de Marruecos; las galletas, de Palencia; el arroz, de Mali... Y así, un internacional etcétera. El primer día de supermercado a nosotros también nos impactó. El segundo, bastó con una simple indignada resignación. Todo es importado. Todo. Después llegó el mercado tradicional y la yuca (principal causa de obesidad en los mayores de 40 años en este país), y la remota posibilidad de un consumo local. Pronto tiraron nuestras fantasías por tierra al contarnos que los tomates vienen de Camerún. Empiezo a pensar que importan hasta los mosquitos. Hasta las artesanías las importan, y no digo más... Para colmo, el cargador de baterías solar que nos trajimos en un alarde de sostenibilidad, ha muerto. Parece ser que sí que coge energía, pero no la suelta. Debe de ser que se ha enterado que aquí todo lo que viene de fuera tiene más valor. Además, el agua tiene que ser embotellada. Hemos conseguido sustituir el aire acondicionado por un ventilador nocturno, pero para el resto del día no se puede quitar, por prescripción médica, so pena de lipotimia. Aunque empezamos a descubrir las distancias a pie, Bata es más bien un scalextric que sólo se ve desde la ventanilla del coche. En fin, que habrá que aceptar que aquí lo máximo a lo que podemos aspirar es a una vida muy ligeramente sostenible. Pero, como vacuna para nuestra resignación, hace unos días, Sandra y Gonzalo, unos amigos, nos dieron la clave para nuestra preocupación. Y, como suele ocurrir, la solución pasa por una máxima esencial: "solo no puedo. Con amigos, sí". Nos remitieron a un mítico capítulo de Friends (serie de referencia para todo lo que pueda pasar en la vida moderna y activa, a la vista está) en el que Phoebe, la vegetariana, está embarazada y le entra antojo de carne. Joey, básicamente carnívoro, le ofrece que, para que no mueran más vacas y ella pueda comer carne con la conciencia tranquila, él dejará de comer carne hasta que dé a luz. Siguiendo este ejemplo, Sandra y Gonzalo se han comprometido a no tomar cereales Kellog's, a sabiendas de que son los únicos que podemos encontrar aquí. Y eso que ni siquiera están muy convencidos del tema de los transgénicos. La idea es de por sí preciosa y el gesto es digno de un enorme abrazo, fueran cuales fuesen las circunstancias. Pero aquí, especialmente. Especialmente, porque aquí resulta insultantemente evidente (por contraste) lo fácil que es en España reciclar y hacer las cosas un poquito bien. Y, por extensión, resulta insultante que no lo hagamos. Así que os propongo apoyar la propuesta de Sandra y Gonzalo: que cada uno de vosotros adopte una práctica ecológica que nosotros aquí no podemos hacer. ¿Quién se apunta a echarnos una mano? Bata (Guinea Ecuatorial), 11 de noviembre de 2009 November 05 El país del cola cao Alfombra roja para nuestra llegada a Bata. Después de ver angustiados cómo los encargados del equipaje miraban confundidos unas maletas que no deberían estar en el vuelo que estaba a punto de salir (más que nada porque deberían haber estado en el del día anterior), ayer por fin llegamos a Malabo, sin ninguna confianza de tener equipaje alguno. Pero, tranquilos, por suerte, perdí la porra: llegaron todas las maletas. En el puesto de control de pasaportes de Malabo, un cartel curioso: "Por favor, respete los derechos humanos". Vaya, como el que pide que por favor no fumes. "Perdone, si no le molesta mucho, ¿le importaría no torturarme?". El cartel no decía exactamente eso, y sí que hacía hincapié en que la ley prohibe cualquier tipo de tortura, y que hay que proteger a los detenidos y bla, bla, bla... En fin, no deja de ser paradójico. De Malabo cogimos otro avioncillo -más próximo a la avioneta de Los Rescatadores que al Concorde, si he de hacer comparaciones- a Bata, donde al aterrizar nos esperaba el ejército con la alfombra roja puesta. Estos guineanos, que son de un protocolario... Por lo visto también vino anoche el presidente de Sudáfrica, pero bueno, que se joda, que la alfombra ya está estrenada. Para entrar en el país tuvimos que pasar el rutinario control de pasaportes (que aquí incluye una fotito en el acto y consulta médica a Vir -puesto que era la poli que le estaba dejando entrar al país, le pareció mal decirle que no estaba en horario de consulta), el algo menos rutinario control sanitario y el esperadísimo control de maletas. He de reconocer que iba preparado para estar horas, máxime después del calentamiento francés en el Charles De Gaulle, donde, a pesar de mis advertencias, me hicieron vaciar por completo mi mochila de elementos electrónicos. Por supuesto, consiguiente colapso de la fila. Pero en Bata, cuando ya estaban empezando a sacar cosas, el poli de al lado le encontró a Vir el fonendo. Dieron por sentado que todos éramos médicos. Oye, contraseña correcta. En cuanto oyeron lo de médicos dejaron la revisión y nos dieron paso franco. Dani (el coordinador de proyecto aquí. Ya haré una presentación en condiciones de la gentecilla del lugar, con fotos y todo) nos recogió en un magnífico 4x4 y nos explicó que la imponente presencia policial y el corte de las calles a nuestro paso no es lo normal. El presidente de Sudáfrica, que prefiere pasear solo. El coche se detuvo ante una verja negra que escondía una casa colonial preciosa. La casa es más grande que todas las casas de mis padres juntas. Es la casa-sede. El cuarto de arriba son nuestros dormitorios (Vir y yo en uno, Ana en otro) y un despacho para los expatriados; el cuarto de abajo es la sede donde trabaja un huevo de peña. No creo que Virus y yo aspiremos nunca a vivir en semejante mansión. Lo único malo es lo de que las cisternas no funcionen o que el agua no sea potable, pero vaya, minucias para quitarle glamour, ampliamente compensadas por el aire acondicionado en cada habitación, elemento de lujo superfluo en un principio, herramienta básica de supervivencia poco después de una hora. A lo del agua estamos intentando adaptarnos poco a poco. Para beber no hay tu tía: embotellada, so pena de cólera. Pero estamos investigando si el purificador que tenemos funciona para intentar filtrar el agua (después de haberla hervido bien previamente) y que nos sirva al menos para cocinar y lavarnos los dientes. Porque no, con el agua del grifo no se puede uno ni lavar los dientes. Llamadlo paranoia, pero oye, es que al abrir el grifo, el agua arrastra mierdas de pájaro, en tal grado de compactación que parecen barro. Por lo visto el agua del grifo proviene de un aljibe que se llena con la lluvia..., y con todo lo que caiga. De hecho, esta mañana al ducharme (agachado, dicho sea de paso, porque el cable de la ducha no me llega a la cabeza), la duda ha sido inevitable: ¿este agua limpiará o ensuciará? Nadie ha comentado nada respecto a mi olor a lo largo del día o sobre si llevo o no cagarrutas de pájaro en la cabeza, así que supondremos que limpia. Hoy ya hemos empezado a trabajar. La verdad es que se trabaja duro. De 8:00 a 15:00, cierto, pero la gente está superconcentrada y no se estila perder el tiempo (excepción hecha de la pausa para el café). Vaya, que quién pillara un trabajo así en Madrid. No, pero en serio parece que va a haber mucho trabajo, y, la verdad, eso está guay. Entre el vuelo y el seguro nos hemos gastado una pasta como para no aprovechar el tiempo aquí. Vir está un poco aturdida ante el cambio de protocolos y cómo el tratamiento de algunas enfermedades aquí no tiene nada que ver (por no hablar del diagnóstico: ¿quién diría en España que fiebre y tos es malaria?). A mí eso, claro está, no me afecta tanto. El programa de radio seguramente empiece la semana que viene, y por ahora me he puesto con el diseño de un par de manuales de salud. Quizá para mí el momento de mayor impacto por ahora haya sido la compra. Sí, no suena muy antropológico, pero oye, nunca fui el Doctor Livingston. En tiempos de la colonia/provincia española, casi todo el cacao que llegaba a España venía de aquí. Con este dato muchos entenderán al fin qué coño hacía "aquel negrito del África tropical" preparándonos los desayunos. Pero eso fue antes del petróleo. Hoy, aparentemente, en este país sólo hay una empresa: la que embotella el agua. El resto, todo lo demás, absolutamente todo lo demás, lo importan. Cuando digo todo, me refiero hasta el gas, que ya tiene cojones cuando tu principal fuente de ingresos es el petróleo. Bueno, pues la bombona que acabamos de poner es de PetroGabón. Claro, la primera consecuencia de esto es que los precios se disparan muchísimo. En la compra de hoy nos hemos gastado unas 40.000 cefas, más o menos unos 60 euros, cerca del doble de lo que nos hubiéramos gastado en lo mismo en Madrid. Supongo que será cuestión de renunciar a muchas cosas que tomamos en Madrid (como el queso rallado, por hablar de lujos) o de buscar los trucos indígenas. Porque algún truco tiene que haber. Si no, no entiendo cómo sobrevive esta gente. Bata (Guinea Ecuatorial), 4 de noviembre de 2009. November 04 Siempre nos quedará ParísCuando uno oye que África se está occidentalizando, no se espera algo semejante. Nuestra llegada a Malabo guarda una semejanza tal con una llegada cualquiera a París que uno podría decir que hemos perdido el avión y nos hemos quedado tirados en la capital francesa. En concreto, lo podría decir perfectamente la mujer que nos ha dicho que nuestro vuelo ya se había ido. Como postal, es estupendo que el primer monumento que visitas en tu viaje a Guinea Ecuatorial sea la Torre Eiffel… Pd: Se abren las apuestas. Si tres aeropuertos ya eran mucha tentación para los perdedores de maletas, esto es rizar el rizo. Hemos facturado entre tres (se nos ha sumado Cecilia, una chica muy maja de Ecuador que andará también por Bata) cinco maletas. Yo digo que llegan cuatro. ¿Quién da más? París (Francia), 2 de noviembre de 2009 November 25 Aeropuertos de última tecnología Estoy sentado en el aeropuerto de Dublin y me acabo de acordar de la Cañil: me he dado cuenta de que me he quedado obsoleto. Estoy leyendo una revista. Sólo otras ocho personas en una sala de embarque abarrotada hacen lo mismo. El resto, se reparten. Los menos preparados no quitan ojo a una pantalla ultraplana que cuelga sobre mi cabeza retransmitiendo los Juegos Olímpicos. Otros, con más aspiraciones que capacidad, se dejan estafar en unos ordenadores-cabina en los que te puedes conectar a internet a base de monedas. Pero los buenos, los que viajan al ritmo de la tecnología, son los que sorprenden. A mi lado, una niña de no más de 14 años ve una película en una televisión portátil que funciona con memory card. Enfrente, una enana de unos 6 años no se despega de la Nintendo DS, lo mismo que otra niña en la fila de atrás, sentada junto a una madre ultra concentrada en la película que se ha puesto en la PSP. A mi alrededor brotan los portátiles, los iPods y móviles de última generación, iPhones incluidos. Francamente, voy a ponerme los cascos y encender todos mis aparatos electrónicos a ver si me integro y a guardar la libreta antes de que esta gente me empiece a echar limosna. Aeropuerto de Dublin (Irlanda), 21 de agosto de 2008 Diez años pintando un mapa Casi prefiero que me hablen mal de una ciudad; es más difícil que te decepcione. Belfast, en general, me la habían pintado como un pueblucho, sin nada que hacer y sin mayor interés. En su lugar, me he encontrado una pequeña ciudad llena de encanto (y de agua, sí...) que intenta superar un pasado violento y crece a ritmo adolescente gracias a los fondos europeos. Durante tres días he tenido cosas suficientes para mantenerme entretenido, y Belfast ha demostrado ser un centro estupendo para una escapada a Derry, y me apostaría los dedos de la mano que más uso a que hay otros muchos sitios que se pueden visitar desde aquí. Es cierto que tener a alguien con quien dar una vuelta y tomar algo por la tarde le da otro toque a la ciudad, que se hace automáticamente más entretenida. Quién sabe, quizá habría salido pitando de aquí mucho antes si no hubiera sido por Edu y Nuria. Pero el hecho es que he disfrutado de Belfast, y se ha convertido en un broche perfecto para clausurar un viaje que llevaba diez años esperándome. Los 14 años los cumplí en Irlanda. Es el primer sello de mi pasaporte. Fue mi primer viaje al extranjero sin mis padres. Pero entonces este país se reducía a un pueblo sin ayuntamiento y con bolera y a un parque frente al centro comercial de la capital donde nos descargaban algún fin de semana. Necesariamente, Irlanda tenía que esconder algo más. Escondía Killarney, Galway y Sligo; los acantilados de Moher, las Islas de Aran y la Calzada de los Gigantes; escondía a Derry y a Belfast. Soy consciente de que me queda todo el sur de la isla, pero al menos Bray ya no es la única ciudad en mi mapa de Irlanda. Belfast (Irlanda del Norte), 20 de agosto de 2008 November 28 Tiempo no habrá, pero pa tontás... Bueno, sigo sin tiempo para actualizar esto, pero para meter fotos siempre queda un hueco. Son de un viaje a Córdoba hace un par de semanas. Nada, un fin de semana aprovechando el puente de la Almudena. Escapada rápida y medio improvisada. Con lo que se comenta en el curro sobre vacaciones, me temo que esto va a ser lo más que me toque en una buena temporada. En fin, mientras al menos me queden escapadas, pa mal.
September 01 México ArenaMúsica mexicana de fondo para el barullo que organiza la gente que va llegando y los vendedores que gritan cigarros, tortas, refrescos, máscaras... La inmensa mayoría de las 17.000 butacas de plástico verdes, rojas y azules vacías, mientras se van llenando los asientos de las primeras filas. Multitud de brazos extendidos que desembocan en un teléfono móvil con el que pretenden suplir la cámara de fotos que no les han dejado pasar. Cuatro pantallas gigantes colgando sobre el centro de las miradas, todas conducidas por potentes focos al ring. Quedan tan sólo 5 minutos para el inicio y se empiezan a escuchar algunos gritos. A mi izquierda, a escasos 3 metros, dos nuevos focos se encienden, apuntando a un hombre fornido que sujeta un micrófono de Televisa. La gente a mi alrededor comienza a gritar "¡Zorro!", a la espera del saludo de quien parece ser un antiguo luchador rescatado de una jubilación temprana como comentarista de televisión. Se encienden las pantallas, mostrando imágenes de entrevistas a los luchadores y anunciando un importante combate conmemorativo del 74 aniversario de la implantación de la lucha libre en México. Comienzan a sonar bocinas entre el público, silbidos, campanas... Y aparece el presentador, colándose, micrófono en mano, entre las cuerdas del cuadrilátero, y presentando el show que va a proseguir como un espectáculo familiar, máxima manifestación de la libertad de expresión, donde la rudeza es bienvenida: "La lucha libre profesional como obra humana alcanza la categoría de arte", proclama antes de anunciar "De México para el mundo, esta es la lucha libre profesional: ¡iniciamos!". Y entonces sube el volumen de la música y cuatro macizas en bikini menean el culo, lanzando besos a la cámara de televisión, sobre la pasarela por la que aparecen los primeros luchadores: dos mamarrachos embutidos en mayas de tonos negros y plateados, seguidos por otros dos del mismo género, cada uno haciendo gestos al público subiéndose de un salto a las cuerdas del escenario. Se sitúan por parejas, a un lado los rudos, al otro los técnicos, y comienza el combate: primeros agarrones de las nucas, primeras piruetas, malos gestos, gritos y enormes costalazos contra el ring que disimulan golpes falsos y previamente concertados. La gente observa algo pasiva y sólo deja escapar ligeros "ohs" y silbidos ante alguna acrobacia más inspirada. De pronto el combate se sale del cuadrilátero, los combatientes olvidan que es una lucha de relevos y se persiguen unos a otros por los laterales del ring, saltando desde las cuerdas sobre el rival que se retuerce presuntamente adolorido a escasos centínetros del público, justo antes de que una campana anuncie el final del primer asalto. Apenas dos minutos de descanso y la buenorra de turno anuncia el comienzo del segundo asalto, meneando provocadoramente el culo para deleite del público de las primeras filas, que desencajan el cuello y los ojos, y para risas y silbidos de quienes ocupan butacas algo más alejadas, que ahora se resienten de no haber pagado un poco más. El segundo asalto se decanta claramente a favor de los rudos mientras salen a relucir golpes más sonoros y patadas más voladoras. El tercer asalto, precedido de la correspondiente maciza, sigue el mismo rumbo, y los luchadores piden a los asistentes de las primeras filas que se levanten, preparando un golpe especialmete espectacular que finalmente sale mal. En los descansos, los rudos se pavonean victoriosos por entre el público, que para estas alturas llena por completo la zona baja y comienza a cubrir los huecos también de la zona intermedia. El ambiente está ya mucho más animado: entre las butacas brillan barritas de luminosos colores y las bocinas, tambores y gritos hacen innecesaria la música para rellenar el descanso tras el final del primer combate. Tres rubias y tres morenas de revista lucen palmito en bikinis con lentejuelas dando la bienvenida a tres nuevos técnicos y otros tantos rudos. El segundo combate comienza con los mismos agarrones, similares retorcimientos de brazos e indenticos sonoros golpazos contra la lona. El público está ya caliente y gritan cánticos animando a sus luchadores por su nombre: "¡Púrpura, Púrpura!". Y Púrpura los jalea subido a la cuerda después de que todo el mundo enloquezca tras ver a su compañero, Valiente, aplastar a uno de los rudos, saltando con un mortal en el aire desde las cuerdas hasta las butacas de las primeras filas. Dos buenos pechos en un escueto bikini verde anuncian el segundo asalto, en el que los técnicos siguen entusiasmando al tendido y ridiculizando a los rudos con bailecitos vacilones. En un momento dado los tres rudos caen en la cuenta de que aquí no hay reglas que valgan y destrozan juntos a Fabián el Gitano, capitán de los técnicos, cuyos gritos de fingido dolor no tardan en ser seguidos por un bikini rosa fosforito y su correspondiente cuerpazo presentando el tercer asalto, que continúa con la dinámica de tres rudos contra un técnico. Así las matemáticas, las volteretas de los técnicos consiguen volver loco al público y arrancar gritos de "culeros" contra los rudos (que, por qué ocultarlo, también tienen sus forofos), pero no consiguen darles este último asalto, a pesar de lo cual ganan el combate dos a uno, llevando a Fabián a correr entre el público chocando palmas. Llega el tercer combate y todavía quedan dos más, cada uno prometiendo ser más espectacular que el anterior. Pero, con vuestro permiso, el resto de macizas, el resto de patadas, el resto de volteretas, de gritos y de entusiasmo se quedan en mi retina y no en mi PDA. México Arena, México DF, México, 31 de agosto de 2007 August 31 Entonces como ahora“México es un país con una Constitución y leyes escritas tan justas en general y democráticas como las nuestras; pero donde ni la Constitución ni las leyes se cumplen. México es un país sin libertad política, sin libertad de palabra, sin prensa libre, sin elecciones libres, sin sistema judicial, sin partidos políticos, sin ninguna de nuestras queridas garantías individuales, sin libertad para conseguir la felicidad. Es una tierra donde durante más de una generación no ha habido lucha electoral para ocupar la Presidencia; donde el Poder Ejecutivo lo gobierna todo por medio de un ejército permanente; donde los puestos políticos se venden a precio fijo. Encontré que México es una tierra donde la gente es pobre porque no tiene derechos; donde el peonaje es común para las grandes masas y donde existe esclavitud efectiva para cientos de miles de hombres.”
John Kenneth Turner, “México Bárbaro”
Así definió este periodista estadounidense el México de 1908. A un año de que esta descripción cumpla un siglo, todavía hay muchos que la pueden sentir muy actual. México sigue siendo "un país con una Constitución y leyes escritas tan justas en general y democráticas como las nuestras", pero donde dicha Constitución y leyes siguen sin cumplirse.
Cierto es que ya hay libertad política, de palabra y de prensa; hay elecciones libres, partidos políticos y un sistema judicial en quien recae la protección de las garantías individuales.
El problema es que la libertad política no incluye a los extranjeros, quienes tienen prohibido manifestarse; bueno, ni a los estudiantes masacrados hace cuarenta años en Tlatelolco, y ni siquiera a los 18 muertos cuya sangre no ha terminado de secarse en el año que lleva cubriendo las calles de Oaxaca. De hecho, la libertad política resulta cómica para Martín Barrios y Rodrigo Santiago, golpeados, amenazados y encarcelados por la propia policía de Tehuacán al intentar defender los derechos humanos.
La libertad de prensa y palabra excluye a Lydia Cacho, periodista que fue injustamente encarcelada y a quien intentaron asesinar con un supuesto accidente de tráfico por desenmascarar el compadreo del gobernador de Puebla con Kamel Nacif, un empresario con cierta comprensible inquina hacia Cacho desde que desenmascaró su implicación en una red de pedofilia. Ajena y traicionera conciben la libertad de palabra los dos trabajadores de la maquila Mazara que fueron despedidos al día siguiente de declarar para mí sobre la muerte de un bebé en la empresa.
Las elecciones efectivamente libres hace apenas siete años que se estrenaron y en su segunda puesta a prueba ya levantaron sospechas suficientes como para que más de un millón de mexicanos rechacen oficialmente la legitimidad del presidente.
Y como colofón, el sistema judicial no parece tener fuerza suficiente como para imponerse sobre gobernadores "preciosos" que han inventado crímenes, ni sobre otros que los han cometido, como tampoco lo hace sobre ex presidentes que han ordenado matanzas, curas que han violado a niños ni cardenales que todavía los encubren.
Sumémosle a esto la pobreza en la que todavía vive el 51% de la población (el 20% en pobreza extrema)*, la marginación y desprecio que rodea al concepto indígena (12 millones de habitantes**) y el gobierno paralelo y aparentemente invencible que han construido los narcotraficantes: ¿a que cuesta decir que México ha prosperado en este siglo...?
Y, sin embargo, lo digo. Lo digo porque al margen de las cifras estadistas, más allá de las noticias que resuenan en menos medios de los que deberían y por encima de la pobreza que mis propios ojos no necesitan que nadie les cuente, México tiene ya innegablemente una clase media, creciente a diario en número y fuerza, que sabe que su país dispone de los recursos suficientes para ser un buen lugar para vivir. Esperemos que también tenga la suerte de que le dejen serlo.
* Datos del Banco Mundial en 2004
** Cifra de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas
México DF, México, 30 de agosto de 2007 August 23 La foto que no hiceEl puño lo llevaba ya incrustado en la barbilla; el codo había amoldado un asiento en las costillas. La anciana se sujetaba así la cabeza, como si de la muleta de su brazo dependiera tener la vista erguida. Por detrás de la cabeza, le asomaba con timidez la joroba, envuelta en la rebeca azul con la que se cubría en pleno mes de agosto. Estaba parada a un lado de la catedral de Morelia; obviamente oriunda, no se sentaba a la misa ni miraba hacia el altar, aunque quizá, quién sabe, rezara con voz muda. No estuvo allí ni cinco minutos. Se dio la vuelta y se fue andando, no lenta, parsimoniosa, marcando con su cabeza el ritmo cadencioso que la cadera transmitía a través del codo. Morelia, Michoacán (México), 20 de agosto de 2007 Caribe lifestyleUn abrazo fuerte, un sólo beso (estamos totalmente mexicanizados) y la promesa de un reencuentro en el aeropuerto: despedirme de mi Pequeña Habana tenía que ser necesariamente difícil.
Tras un par de días viajando con María, su madre y unos amigos de ésta (Feliciano, por cierto una de las personas más cultas e interesantes que me he echado a la cara: miedo da todo lo que sabe este hombre) y una semanita afincado en el DF, sazonada con un par de reencuentros con María y progenitora, una aparición estelar de Teresa a punto de "embusarse" hacia un Tehuacán donde no la esperaba nadie y un amago de desbordar la coincidencia con el surgimiento repentino en el DF de un amigo de Madrid, María y yo nos arrejuntamos de nuevo para empezar nuestro viaje por Yucatán. Con la mirada puesta en Playa del Carmen, donde Ana, Ángela y Mikel buscaban como meseros unos ahorros más míticos que El Dorado, nos metimos doce horas de bus para llegar a Villahermosa (por Dios, que hagan un referéndum ya y le pongan un nombre más propicio a esta ciudad...), escala museística para ver las enormes cabezas olmecas y otras siete horitas de bus hasta Campeche. Edzná, Mérida, Uxmal, Ruta Puuc, Chichén Itzá, son nombres que os cansaréis de leer entre las fotos cuando suba las correspondientes, que, con un poco de suerte, os darán una idea de la hartura de piedras que llevábamos a cuestas cuando llegamos a Playa del Carmen. Y allí, por fin, volvió la magia del caos. Redadas de migración de las que escapaban más por casualidad que por pericia, discusiones con jefes insoportables, despidos, contratos, crisis que dejan frases imborrables ("¡Decisiones drásticas cada cinco minutos, no!") e historias que tenía que esforzarme en adivinar entre el ruido de mis propias carcajadas. Todo esto acogidos y hacinados por la jeta en un hotel poca madre, entre pizzas y cervezas en la piscina de un desconocido, tirados en las playas del Caribe y con fiesta cada noche. Y es que esto es lo que pasa cuando te juntas con la Pequeña Habana: que el mejor plan es no hacer planes, dejar que pase lo que de normal no pasaría y reirse, reirse mucho y de todo. Chicos, os voy a echar de menos. Chetumal, Quintana Roo (México), 7 de agosto de 2007 P.d.: Obviamente, este post se tendría que haber publicado mucho antes, pero es que lo llevaba guardado en la PDA y la pobre no está pasando por sus mejores momentos (sí, Iñigo, sí, te puedes reir a gusto). En fin, más vale tarde que nunca. July 30 1968En 1968 fueron las olimpiadas de México. Ese mismo año, diez días antes de que empezaran los juegos, en la plaza de Tlatelolco, entre 200 y 300 estudiantes fueron masacrados por la policía durante una manifestación pacífica en contra de la corrupción y la represión en México. Yo, personalmente, no lo sabía...
Por debajo de tus suelasGente, empujones, tiendas, escaleras y de nuevo empujones; carteles, anuncios, "por seguridad, no acepte ayuda de gente ajena al módulo", zonas de exclusión, vendedores de extravagancias, música de todo tipo en recopilaciones infinitas, libros, ciencia, arte... No está mal para un transporte público. Me encanta el metro del D.F., en serio. Vale que en hora punta no llegas a pisar el suelo del vagón y que los empujones se convierten en cuestión de supervivencia si no quieres que las puertas del tren te trituren hueso, músculo y tendón. Cierto que el hecho de que haya una zona reservada para mujeres y niños es un indicativo de nada bueno, e innegable que algo más de estabilidad lo haría infinitamente más cómodo. Pero, sinceramente, en una ciudad con 20 millones de habitantes y un 40 por ciento de pobreza (en 2003), esperar que el metro no fuera lleno es algo más que ingenuo: es estúpido. Por otro lado, este trasto vuela; en serio: da vértigo. Y, sobre todo, el metro es un museo. Evidentemente, la publicidad empapela los pasillos, andenes y vagones, pues ningún ayuntamiento sensato renunciaría a semejante fuente de ingresos. Pero el municipio, la empresa de turno o quién corresponda, ha sabido encontrar un hueco para exposiciones de fotos, maquetas de templos, colecciones de objetos... ¡Incluso una reproducción de la bóveda celeste! En fin, quién sea se ha dado cuenta de que el metro es, también, una enorme galería atravesada diariamente por miles de personas a quienes les interesa algo más que el número de cámaras que velan por tu seguridad. México DF, México, 26 de julio de 2007 La memoria recuperadaHace siete años llegué a un país que celebraba el cambio de gobierno con la ilusión dirigida hacia un renacer político, esta vez, quizá, alumbrando una democracia real. El país que me ha acogido durante este tiempo es, sinceramente, muy parecido; si algo ha cambiado, he sido yo. Entonces era poco más que un crío y México el tercer país que visitaba sin mis padres, después de un par de veranos aprendiendo inglés en Irlanda y considerando como visita al extranjero una breve estancia en algún lugar de Portugal cuyo único recuerdo es un bañador manchado de alquitrán. Hoy, me separan de aquel chaval siete años, una carrera, cuatro años en AJIVA, dos etapas de seis meses viviendo en el extranjero, veintiséis países, tres continentes y, por supuesto, toda la gente que se me ha ido cruzando en este camino de regreso a México, que ahora es también casa. Hoy, no recorro el D.F. rodeado de "300 jóvenes de más de 40 países": lo hago solo, pensando, reubicando imágenes que deambulaban sin mapa alguno por el escaso espacio que me ocupa la memoria, poniendo cada cosa en su sitio. México DF, México, 25 de julio de 2007 July 25 Turista accidentalMe siento de nuevo en la sala común de un albergue, la lonely planet en mano y en espera de mi cita con una cama perdida entre las otras 20 que rellenan la habitación compartida. Otra vez escucho inglés, marco puntos sobre un mapa y cargo dentro de un macuto todo lo que necesito... ¿Todo? He vuelto a ser, de pronto, turista en un país en el que hace mucho que dejé de serlo, desde que me abrió las puertas para que me sintiera como en casa. No puedo negar que soy turista habitual de cualquier sitio, pero volver a ser extranjero en México me ha dejado una sensación extraña, quizá porque nunca me había convertido en visitante de forma tan repentina, quizá porque cada billete de autobús que compro me acerca un poco más al final de esta experiencia. Hace tiempo que siento que se está acabando una etapa, y ver a pocos metros la meta me lleva mentalmente de nuevo a la salida. Y sé que la próxima etapa será también genial, pero no puedo evitar la sensación de que esta fase ha pasado demasiado rápido, como si no la hubiera completado, sino como si, bruscamente, alguien la hubiera interrumpido: no puedo evitar sentir que no quiero que esto acabe. México DF, México, 23 de julio de 2007 May 01 ¿Qué fue de mí?Hace ya casi cinco meses que me despedí de este blog y va para cuatro
desde que dije adios a España, a amigos, a familia, a AJIVA... Resumir
estos meses en un post es imposible, y hacerlo en más de uno es un
esfuerzo que, al menos ahora, me supera. Pero me apetece retomar el
blog, me apetece seguir contandoos cosas, y tengo la esperanza de que
internet no tarde mucho más en llegar a casa, así que supongo que en
breve volveré a postear con cierta regularidad. No nos engañemos, esto
ya no va a ser lo que era, con dos o tres post a la semana, simplemente
porque no es lo mismo estar de viaje que estar asentado en un sitio;
pero sí intentaré colgar por aquí alguna cosa que escriba para el
periódico y que me guste, y seguir contando las cosas que me llamen la
atención, que México quizá no sea tan exótico como Vietnam, pero
también tiene para contar. En cualquier caso, antes de ponerme a divagar sobre nada, me parece que lo mínimo es explicaros un poco dónde estoy, cómo he llegado aquí y porque no he dado apenas señales de vida en tanto tiempo (eso es fácil: no tengo internet en casa, hasta hace poco trabajaba un huevo de horas y la pereza siempre ha sido un rival de digna consideración). En cuanto a ubicación, no basta decir que estoy en México, ni siquiera decir que estoy en Tehuacán, un pueblecito (más o menos del tamaño de Vitoria, pero tremendamente pequeño para los estándares mexicanos) del centro-sur de México; es más, ni siquiera es suficiente decir que vivo en la calle 2 Poniente. No, para ubicarme realmente tengo que decir que estoy con Anaïs y con María, dos chicas increibles con las que he compartido cuatro años de carrera (aunque más bien en plan de compañeros de clase con tendencia a colegas que amigos, porque tampoco se puede decir que fuera de su grupo -¿pero yo tenía un grupo adjudicado en la uni...?-) y con las que me dispongo a compartir el que desde el principio me prometí que sería uno de los mejores años de mi vida. Fue María la que me ofreció pedir un trabajo en el diario El Mundo de Tehuacán (a través de una asociación de estudiantes de economía que, sabe Dios por qué, se le ocurrió ofrecer prácticas laborales de periodismo) cuando todavía estaba en Vietnam, y no había salido del país cuando compré el vuelo a México. Así que el paso por Madrid fue una mera escala de poco más de dos semanas, tras lo cual aterrice en el DF y de ahí a Córdoba, estado de Veracruz. Ahí estaban María y Anaïs, viviendo en casa de unos amigos que conocían bien de la Erasmus en París, bien de toda la vida por ser de Tudela, pero que yo, personalmente, no conocía ni de oídas. Me planté en el piso de Mikel, Ana, Ángela y Teresa (a los que de ahora en adelante me referiré como "los cordobeses"), que estaba entero a mi disposición, porque la manada que vive allí andaba de viaje con Anaïs y María. Volvieron a los tres o cuatro días y nosotros tres aguantamos nuestra ocupación un par de semanas más, lo suficiente para encontrar un piso en Tehuacán (estado de Puebla) y legalizar nuestra estancia en el país (algo que aún hoy no está del todo claro, pero bueno, a este ritmo para cuando nos quieran deportar ya nos habremos ido nosotros mismos). Encontramos piso super grande con un cuarto enorme para cada uno y ya llevamos tres meses trabajando en el periódico, yo en la sección policiaca ("Expediente") y María y Anaïs en información general. Hay mucho más que contar, pero este post ya es demasiado largo como para que nadie lo lea, así que, para ir acabando, simplemente introducir a los compañeros con los que más me muevo dentro de policiaca: Juan (redactor de policiaca del turno de mañana), Vicente (chofer), Esau (fotógrafo), Aurelio (fotógrafo) y Miguel Castillo (redactor de policiaca del turno de tarde). Esta gente es lo único que hace que el trabajo merezca la pena, porque por lo demás empieza a ser un poco monótono y, además, el director (el señor Guzmán, al que me referiré con frecuencia como "el viejo" o "el desdentado" -todavía con más frecuencia será "el puto viejo" o "el puto desdentado", pero en fin...-) se empeña en buscarme las cosquillas siempre que puede. Pero bueno, mientras con los compañeros me siga descojonando cada día, todo bien; con el desdentado, pues nada, nos toreamos mutuamente, él con la confianza de ser el jefe, yo con la confianza de que me la pele. Basta por ahora. Ni siquiera me voy a esforzar en resumiros todo el tiempo que llevo aquí, pero para eso iré colgando las fotos para que os podáis ir haciendo una idea de todo lo que hemos hecho hasta ahora. Para el que no se apañe sólo con las imágenes, os aconsejo que le echéis un vistazo a los blogs de Anaïs (http://miramealosojos.blogspot.com) y de María (http://mimapamundi.blogspot.com), que ellas sí que los han ido manteniendo al día. Por mi parte, iré contando las cosas según me apetezcan y como si nunca hubiera dejado de escribir: al que le surjan dudas, que deje un comentario preguntando lo que sea, que siempre he presumido que, si bien no soy de los que cuentan mucho, desde luego soy de los que responden cualquier pregunta. Por lo demás, bienvenidos de vuelta. Tehuacán, Puebla (México), 1 de mayo de 2007 December 18 ¿Qué necesidad había de todo esto?Fin. ¿Y ya está? No, este viaje ha sido demasiado especial como para terminarlo con un simple punto final, y compartirlo con vosotros ha sido un componente básico, tanto del viaje como de su especialidad: se impone una despedida, así del viaje como del blog. Del viaje, la verdad, me cuesta despedirme, porque por mucho que me alegre de volver a veros, impulsa mi sangre una vena viajera. Del blog, francamente, se impone más una explicación que una despedida. Tengo un amigo -de esos a los que tengo la suerte de meter en los dedos de la mano- que no asimila esto de los viajes, y constantemente me pregunta, "¿Pero qué necesidad hay?". Necesidad, ninguna. Viajar, en cierto modo, guarda un ligero parecido con comer caviar o un buen entrecot: la necesidad es comer, el entrecot es, simplemente, para comer algo mejor. La necesidad, Jorge, es vivir, viajar es, simplemente, para vivir algo mejor. Ojalá este blog te haya ayudado a comprender ese bicho que tanto tu novia como yo llevabamos dentro, y, ojalá al cuadrado, te haya animado a descubrirlo en carne propia, que buena maestra tienes que te lo contagie. Un abrazo enorme (y un millón de gracias) para todos los que habéis viajado aquí conmigo, pero uno muy especial para ti, Rizos, porque este blog ha sido siempre, de un extraño modo, para ti. Bangkok, 18 de diciembre de 2006 December 17 La canción de OteroCon dos alforjas por banda,
viento en popa, a toda rueda,
no surca el mar, pero vuela
un jinete en bicicleta.
Corcel de acero que llaman
La Vetusta, por su edad,
en todo taller conocida
de Santiago hasta Vietnam.
Que es mi bici mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la pendiente de la cuesta,
mi unica patria, el pedal.
Bangkok (Tailandia), 17 de diciembre de 2006
P.d.: Para los que piensen que tampoco hemos usado mucho la bici: más de 1.800 km. |
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