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November 15 Se acabaron las duchas23 gusanos. Ha sido el tope que hemos tolerado. Los gusanos se han ido sintiendo cómodos poco a poco, dejándose ver cada vez con más frecuencia. No sabemos muy bien de dónde salen, pero nosotros los vimos por primera vez en la ducha. Aparecía uno o dos cada vez que te duchabas. Pero pusimos la gasa, y pensamos que eso los retendría. En seguida nos dimos cuenta de nuestra ingenuidad. Seguían asomando. Les costaba más aparecer a través de la gasa, pero se dejaban caer (literalmente…). Poco a poco fueron apareciendo más. Vir y yo empezamos a tener una competición no deseada de ver a quién le aparecían más gusanos en cada ducha. Cuando ya anunciaba que me habían caído 5, cuatro de los cuales me los había tenido que quitar del cuerpo, ella anunciaba 7. Hasta que el sábado canté bingo: ¡23 gusanos, premio para el caballero! Y lo peor no fue el record, fue que encima llegó el día siguiente a nuestra operación anti gusanos. Convencidos de que habían hecho un nido en la manguera de la ducha, el viernes por la noche nos quedamos en casa y chorreamos lejía por el tubo. Guerra química. Quitamos la gasa, comprobamos que estaba llena de gusanos, dedujimos que quizá habían puesto huevos en la propia gasa y comenzamos el ataque. Un par de minutos después del bombardeo, abrimos el grifo y empezaron a caer en parejas, tríos y demás suerte de orgías. Vir, ofuscada en aniquilar, pensó que si la lejía no podía con ellos, quizá dejando correr el agua acabaran saliendo todos. Litros y litros de agua se fueron por el desagüe sin que dejaran de aparecer gusanos. Su conciencia ecológica la llevó a rendirse, bastante influenciada también por la posibilidad nada remota de acabar con todo el agua del aljibe. Mi ducha del día siguiente confirmó nuestra derrota. Vir empezó a ducharse a cubazos. Era nuestra última opción, basada en que sólo salían gusanos del grifo de la ducha y, por tanto, podíamos contar aún con el apoyo del lavabo. Hoy hemos perdido también esa atalaya. Y, lo peor, tras comprobar que ya salen gusanos también del grifo del lavabo, Vir ha quitado la gasa correspondiente –llena de gusanos, como era de esperar- y ha ido a contrastar nuestros temores en la cocina. Sí, también hay gusanos en el grifo de la cocina. Hemos comprobado que ya salen gusanos de todos los grifos de la casa (de todos por los que corre el agua, claro). Vir está ahora mismo buscando por internet qué cuentan sobre gusanos por el grifo y estamos en plena reflexión sobre si debemos ducharnos, lavar la ropa o cocinar con ese agua. Típico problema doméstico.
Bata (Guinea Ecuatorial), 15 de noviembre de 2009 November 11 La claveLa sal, de Cádiz; los garbanzos, de Barcelona; la leche en polvo, de Holanda; el aceite, de Madrid; el café, de Brasil; la leche, de Marruecos; las galletas, de Palencia; el arroz, de Mali... Y así, un internacional etcétera. El primer día de supermercado a nosotros también nos impactó. El segundo, bastó con una simple indignada resignación. Todo es importado. Todo. Después llegó el mercado tradicional y la yuca (principal causa de obesidad en los mayores de 40 años en este país), y la remota posibilidad de un consumo local. Pronto tiraron nuestras fantasías por tierra al contarnos que los tomates vienen de Camerún. Empiezo a pensar que importan hasta los mosquitos. Hasta las artesanías las importan, y no digo más... Para colmo, el cargador de baterías solar que nos trajimos en un alarde de sostenibilidad, ha muerto. Parece ser que sí que coge energía, pero no la suelta. Debe de ser que se ha enterado que aquí todo lo que viene de fuera tiene más valor. Además, el agua tiene que ser embotellada. Hemos conseguido sustituir el aire acondicionado por un ventilador nocturno, pero para el resto del día no se puede quitar, por prescripción médica, so pena de lipotimia. Aunque empezamos a descubrir las distancias a pie, Bata es más bien un scalextric que sólo se ve desde la ventanilla del coche. En fin, que habrá que aceptar que aquí lo máximo a lo que podemos aspirar es a una vida muy ligeramente sostenible. Pero, como vacuna para nuestra resignación, hace unos días, Sandra y Gonzalo, unos amigos, nos dieron la clave para nuestra preocupación. Y, como suele ocurrir, la solución pasa por una máxima esencial: "solo no puedo. Con amigos, sí". Nos remitieron a un mítico capítulo de Friends (serie de referencia para todo lo que pueda pasar en la vida moderna y activa, a la vista está) en el que Phoebe, la vegetariana, está embarazada y le entra antojo de carne. Joey, básicamente carnívoro, le ofrece que, para que no mueran más vacas y ella pueda comer carne con la conciencia tranquila, él dejará de comer carne hasta que dé a luz. Siguiendo este ejemplo, Sandra y Gonzalo se han comprometido a no tomar cereales Kellog's, a sabiendas de que son los únicos que podemos encontrar aquí. Y eso que ni siquiera están muy convencidos del tema de los transgénicos. La idea es de por sí preciosa y el gesto es digno de un enorme abrazo, fueran cuales fuesen las circunstancias. Pero aquí, especialmente. Especialmente, porque aquí resulta insultantemente evidente (por contraste) lo fácil que es en España reciclar y hacer las cosas un poquito bien. Y, por extensión, resulta insultante que no lo hagamos. Así que os propongo apoyar la propuesta de Sandra y Gonzalo: que cada uno de vosotros adopte una práctica ecológica que nosotros aquí no podemos hacer. ¿Quién se apunta a echarnos una mano? Bata (Guinea Ecuatorial), 11 de noviembre de 2009 November 05 El país del cola cao Alfombra roja para nuestra llegada a Bata. Después de ver angustiados cómo los encargados del equipaje miraban confundidos unas maletas que no deberían estar en el vuelo que estaba a punto de salir (más que nada porque deberían haber estado en el del día anterior), ayer por fin llegamos a Malabo, sin ninguna confianza de tener equipaje alguno. Pero, tranquilos, por suerte, perdí la porra: llegaron todas las maletas. En el puesto de control de pasaportes de Malabo, un cartel curioso: "Por favor, respete los derechos humanos". Vaya, como el que pide que por favor no fumes. "Perdone, si no le molesta mucho, ¿le importaría no torturarme?". El cartel no decía exactamente eso, y sí que hacía hincapié en que la ley prohibe cualquier tipo de tortura, y que hay que proteger a los detenidos y bla, bla, bla... En fin, no deja de ser paradójico. De Malabo cogimos otro avioncillo -más próximo a la avioneta de Los Rescatadores que al Concorde, si he de hacer comparaciones- a Bata, donde al aterrizar nos esperaba el ejército con la alfombra roja puesta. Estos guineanos, que son de un protocolario... Por lo visto también vino anoche el presidente de Sudáfrica, pero bueno, que se joda, que la alfombra ya está estrenada. Para entrar en el país tuvimos que pasar el rutinario control de pasaportes (que aquí incluye una fotito en el acto y consulta médica a Vir -puesto que era la poli que le estaba dejando entrar al país, le pareció mal decirle que no estaba en horario de consulta), el algo menos rutinario control sanitario y el esperadísimo control de maletas. He de reconocer que iba preparado para estar horas, máxime después del calentamiento francés en el Charles De Gaulle, donde, a pesar de mis advertencias, me hicieron vaciar por completo mi mochila de elementos electrónicos. Por supuesto, consiguiente colapso de la fila. Pero en Bata, cuando ya estaban empezando a sacar cosas, el poli de al lado le encontró a Vir el fonendo. Dieron por sentado que todos éramos médicos. Oye, contraseña correcta. En cuanto oyeron lo de médicos dejaron la revisión y nos dieron paso franco. Dani (el coordinador de proyecto aquí. Ya haré una presentación en condiciones de la gentecilla del lugar, con fotos y todo) nos recogió en un magnífico 4x4 y nos explicó que la imponente presencia policial y el corte de las calles a nuestro paso no es lo normal. El presidente de Sudáfrica, que prefiere pasear solo. El coche se detuvo ante una verja negra que escondía una casa colonial preciosa. La casa es más grande que todas las casas de mis padres juntas. Es la casa-sede. El cuarto de arriba son nuestros dormitorios (Vir y yo en uno, Ana en otro) y un despacho para los expatriados; el cuarto de abajo es la sede donde trabaja un huevo de peña. No creo que Virus y yo aspiremos nunca a vivir en semejante mansión. Lo único malo es lo de que las cisternas no funcionen o que el agua no sea potable, pero vaya, minucias para quitarle glamour, ampliamente compensadas por el aire acondicionado en cada habitación, elemento de lujo superfluo en un principio, herramienta básica de supervivencia poco después de una hora. A lo del agua estamos intentando adaptarnos poco a poco. Para beber no hay tu tía: embotellada, so pena de cólera. Pero estamos investigando si el purificador que tenemos funciona para intentar filtrar el agua (después de haberla hervido bien previamente) y que nos sirva al menos para cocinar y lavarnos los dientes. Porque no, con el agua del grifo no se puede uno ni lavar los dientes. Llamadlo paranoia, pero oye, es que al abrir el grifo, el agua arrastra mierdas de pájaro, en tal grado de compactación que parecen barro. Por lo visto el agua del grifo proviene de un aljibe que se llena con la lluvia..., y con todo lo que caiga. De hecho, esta mañana al ducharme (agachado, dicho sea de paso, porque el cable de la ducha no me llega a la cabeza), la duda ha sido inevitable: ¿este agua limpiará o ensuciará? Nadie ha comentado nada respecto a mi olor a lo largo del día o sobre si llevo o no cagarrutas de pájaro en la cabeza, así que supondremos que limpia. Hoy ya hemos empezado a trabajar. La verdad es que se trabaja duro. De 8:00 a 15:00, cierto, pero la gente está superconcentrada y no se estila perder el tiempo (excepción hecha de la pausa para el café). Vaya, que quién pillara un trabajo así en Madrid. No, pero en serio parece que va a haber mucho trabajo, y, la verdad, eso está guay. Entre el vuelo y el seguro nos hemos gastado una pasta como para no aprovechar el tiempo aquí. Vir está un poco aturdida ante el cambio de protocolos y cómo el tratamiento de algunas enfermedades aquí no tiene nada que ver (por no hablar del diagnóstico: ¿quién diría en España que fiebre y tos es malaria?). A mí eso, claro está, no me afecta tanto. El programa de radio seguramente empiece la semana que viene, y por ahora me he puesto con el diseño de un par de manuales de salud. Quizá para mí el momento de mayor impacto por ahora haya sido la compra. Sí, no suena muy antropológico, pero oye, nunca fui el Doctor Livingston. En tiempos de la colonia/provincia española, casi todo el cacao que llegaba a España venía de aquí. Con este dato muchos entenderán al fin qué coño hacía "aquel negrito del África tropical" preparándonos los desayunos. Pero eso fue antes del petróleo. Hoy, aparentemente, en este país sólo hay una empresa: la que embotella el agua. El resto, todo lo demás, absolutamente todo lo demás, lo importan. Cuando digo todo, me refiero hasta el gas, que ya tiene cojones cuando tu principal fuente de ingresos es el petróleo. Bueno, pues la bombona que acabamos de poner es de PetroGabón. Claro, la primera consecuencia de esto es que los precios se disparan muchísimo. En la compra de hoy nos hemos gastado unas 40.000 cefas, más o menos unos 60 euros, cerca del doble de lo que nos hubiéramos gastado en lo mismo en Madrid. Supongo que será cuestión de renunciar a muchas cosas que tomamos en Madrid (como el queso rallado, por hablar de lujos) o de buscar los trucos indígenas. Porque algún truco tiene que haber. Si no, no entiendo cómo sobrevive esta gente. Bata (Guinea Ecuatorial), 4 de noviembre de 2009. November 04 Siempre nos quedará ParísCuando uno oye que África se está occidentalizando, no se espera algo semejante. Nuestra llegada a Malabo guarda una semejanza tal con una llegada cualquiera a París que uno podría decir que hemos perdido el avión y nos hemos quedado tirados en la capital francesa. En concreto, lo podría decir perfectamente la mujer que nos ha dicho que nuestro vuelo ya se había ido. Como postal, es estupendo que el primer monumento que visitas en tu viaje a Guinea Ecuatorial sea la Torre Eiffel… Pd: Se abren las apuestas. Si tres aeropuertos ya eran mucha tentación para los perdedores de maletas, esto es rizar el rizo. Hemos facturado entre tres (se nos ha sumado Cecilia, una chica muy maja de Ecuador que andará también por Bata) cinco maletas. Yo digo que llegan cuatro. ¿Quién da más? París (Francia), 2 de noviembre de 2009 October 25 Está cruzando una señora Los chavales que gritaban que había que esperar porque estaba cruzando una señora tenían toda la razón. Está cruzando toda una señora. Y no me refiero en absoluto a la edad. Vir es joven. Y será joven independientemente de los años que cumpla. Del mismo modo, Vir es valiente, y lo es independientemente de las cosas que le den miedo. Porque lo difícil no es no tener miedo a las cosas, lo meritorio es hacer las cosas aun cuando te dan miedo. El valor no es no tener miedo, es superarlo. Cercedilla (Madrid), 24 de octubre de 2009 October 08 Pues yo no me voy a vacunar El problema de la contrainformación es que suele ser demasiado increíble. ¿Quién se va a creer que el 11-S lo hizo la CIA?, ¿quién se puede creer que nos bombardeen a diario con agentes químicos con los aviones (chemtrail)?, ¿cómo van a abducir a nadie los extraterrestres? Al final todos los que apoyan estas hipótesis acaban dando indicios de un mayor o menor grado de locura. El problema es que desde hace unos años me viene dando miedo la posibilidad de que estos locos tengan razón. Galileo, Copérnico o Colón son sólo algunos ejemplos de locos en su momento, personajes históricos hoy por hoy. En cualquier caso, y por increíble que sea la contrainformación, tiene una cualidad indiscutible: plantea dudas. Cada uno puede decidir si esas dudas son o no razonables, pero es sano planteárselas. En el caso de la gripe A, yo personalmente llevo bastante tiempo planteándome esas dudas. Hoy me ha llegado este vídeo que expresa y explica muy bien mis dudas, dándoles un tono científico que no sé si será cierto, pero están lo bastante bien razonadas y justificadas para que a mí me resulten muy creíble. No puedo imaginarme qué intereses puede tener esta monja en que no nos vacunemos de la gripe A (y, por el contrario, ¿qué intereses puede tener el lobby farmacéutico para que sí nos vacunemos...?). Y precisamente porque me parece una recomendación desinteresada, me convence. Os dejo el vídeo, y que cada uno lo escuche y se plantee lo que quiera: CAMPANAS POR LA GRIPE A from ALISH on Vimeo. Esta mujer ya ha saltado a los medios (quizá sea esa su motivación inconfesable, la fama, aunque viviendo en un convento no sé de qué le serviría...), así que también os dejo un par de artículos que han hablado sobre ella:- El Periódico de Catalunya: "Es absurdo lo que se hace con la gripe A" - El Mundo: Una benedictina contra la vacuna de la gripe A (no parece que le dé mucha credibilidad a la monjilla) No creo que tarden mucho en tildar a esta mujer de chalada y enseguida le buscarán fallos en el discurso para quitarle credibilidad. Bueno, quizá ni siquiera tenga razón. Pero si hay un intento de que la vacunación de la gripe A sea obligatoria, espero que todos reaccionemos a tiempo. También dejo el link a un vídeo de una ex ministra de sanidad de Finlandia, aunque a ella es más fácil desprestigiarla, porque por lo visto los extraterrestres le han salvado la vida en tres ocasiones. Lo dicho, estos locos están locos. Pero plantean dudas que dan mucho miedo. Sobre todo si no están tan locos. August 31 El sombrero de Indiana JonesMe gusta mi sombrero de Indiana Jones. Es una macarrada, lo sé. Pero es un poco como me imagino que Vir me ve: un aventurero accidental, más loco que valiente, más afortunado que hábil. Un héroe de medio pelo. Y aun así, su héroe, al fin y al cabo. No es una cuestión de ego. Pero está bien sentir que alguien cuenta contigo. No es que me necesite, es que sabe que si me necesita, voy a estar. Soy un héroe de medio pelo, con una misión sencilla: hacerla reir cada día. No tengo valor. No tengo habilidad. Pero tengo un sombrero de Indiana Jones. Cullera (Valencia), miércoles 26 de agosto de 2009. August 15 "¿¡Pero qué coño es esto!?"Vir, en un arranque ya incontenible de rabia, pronunció uno de los pocos tacos que hasta hoy se le han podido oír, al encontrarse de bruces con una nueva cuesta que subía con una inclinación de las que no se pueden medir con transportador de ángulos. Fue el principio del surrealismo. Después, unos cuantos varios kilómetros después, llegó el chileno profético, cabeza envuelta en toalla, a avisarnos de que lo que nos quedaba por ver decepcionaba. Era el cuarto día de nuestra semana de Transpirenaica y, hasta el momento, nos habíamos dado una hartada a patear (con una sabrosa marcha de 12 horas y 30 minutos el primer día para ir abriendo boca: haceros una idea del resto del menú), pero todo a través de bosques, cada día rodeados de una vegetación distinta. El cuarto día de caminata queríamos dormir en Els Vilars. Craso error. No es que nosotros necesitáramos mucho para dormir. Vivacqueábamos cada día, protegidos con nuestras estupendas fundas ad hoc (para los no iniciados y sin acceso a Wikipedia, vivacquear consiste en dormir al raso y las fundas de vivac son unas pequeñas bolsas en las que te metes con saco incluido. Aunque no lo aparenten por su grosor -y para tranquilidad de las madres que puedan leer estas líneas-, te aíslan estupendamente de tu alrededor, no ya sólo por sus propiedades innatas, sino también por las propiedades mágicas que el subconsciente parece atribuirles, porque a uno le da por pensar que una vez dentro de su funda, ya pueden llover escorpiones, que a ti, ¡plim!). Como decía, necesitábamos poco más que un trozo llano para poder dormir, pero es que Els Vilars no tiene ni eso. Es un pueblo... No, no es un pueblo, es una cochambrera que en su día debió de ser un pueblo. Ahora es un lugar desolador incluso para las ideas más retorcidas de Hitchcock. Una pequeña acumulación de ruinas en las que una mujer (de naturaleza necesariamente antisocial) ha decidido aislarse y afanarse en una reconstrucción con la vista puesta en una futura explotación del turismo rural. Hasta el día de hoy, sus esfuerzos han sido muy, muy en vano. Por no haber, en Els Vilars no había ni rastro de agua, y ante la ignorancia al respecto de la mujer antisocial decidimos seguir andando hacia lo que en el mapa ponía que era una fuente. En efecto, lo era. En concreto, una cuyas aguas no estaban tratadas sanitariamente. Lástima que tan sólo recayéramos en este aviso después de que Vir diera (y escupiera) un par de tragos de agua, a pesar de su delator olor putrefacto. Con apenas un litro de agua para los dos, seguimos andando, ya sin esperanza de que apareciera ningún riachuelo salvador, puesto que las profecías del chileno profético se habían demostrado ciertas (de ahí su sobrenombre) y el paraje ahora era más bien de secano, tirando a asfaltado. Justo cuando la lengua se nos pegaba ya al paladar por los dos lados, apareció al que denominaremos el Water Master: un hombre de aparente pasado hippie que, altruista y salvadoramente, regalaba agua a la puerta de su casa, tomándose la molestia de mantener llenas las botellas que había puesto en una caja de cartón y de las que rellenamos nuestras cantimploras. Con el ánimo por las nubes (los pequeños milagros, qué queréis, siempre vivifican el espíritu), seguimos andando, guiados siempre por las marcas del GR (blancas y rojas, de nuevo para los no iniciados) a lo largo de una carretera. Carretera que, por otro lado, no debía de existir hace un par de años, tiempo suficiente para que nuestra guía se reeditara sin revisión y omitiera el detalle de que la pista de la que hablaba había mutado en una carretera que, como averiguamos más tarde, llevaba a Francia. La noche nos cogió andando por la carretera y nos pertrechamos lo mejor que pudimos para recibirla: cintas reflectantes para los brazos y frontales en la cabeza. Si bien las cintas quizá nos evitaron algún atropello, no dieron mayor juego. Los frontales, sin embargo, eran fuente de constantes sobresaltos. Aparentemente en la carretera viven unas arañas del género enorme con un pequeño punto en el lomo que refleja la luz de los frontales, lo que nos permitió visualizar cerca de cincuenta amenazadores arácnidos para el disgusto de Vir (y para mi frustración, pues Vir se demostró mucho más hábil que yo localizándolas). Pero las arañas pseudogigantescas no son la única fauna que se delata ante la luz de un frontal. Por una de las parcelas que bordeaba la carretera vimos correr a un jabalí nada pequeño, lo cual nos trajo a la mente de forma inmediata un cartel que habíamos visto unos kilómetros más atrás y que aludía a que en la zona se practicaba la caza mayor (lo cual podríamos haber considerado como un primer aviso, pero parece ser que mi inconsciencia es contagiosa y lo obviamos). Cartel que manteníamos en mente cada vez que entre la negrura aparecían dos brillantes pupilas. Al principio no sabíamos atribuir los ojos a ningún animal en concreto, pues entre mis escasos conocimientos zoológicos no cuento con el reconocimiento ocular, pero me sonaba que a los jabalís no les brillan los ojos en la oscuridad. Cuando en un momento dado llegaron a juntarse cuatro pares de ojos próximos que nos vigilaban nos dio tiempo a distinguir la forma de pequeños zorrillos: jinetas. Una de esas jinetas acechaba de cerca a un ternero que se había quedado parado en mitad de la carretera (temeroso de cruzar un paso canadiense). Puesto que jineta y ternero nos bloqueaban el paso, decidí ahuyentarles. Mi cerebro repasó rápidamente los ruidos que soy capaz de generar y llegó a la conclusión de que lo más adecuado era un silbido, puesto que es el sonido más potente y desagradable que consigo sacar de mí. Mala elección. Aparentemente las jinetas no asocian el silbido con un ruido humano. De hecho, no tengo la menor idea de con qué lo asocian, pero no debe de ser algo que les infunda miedo. La jineta en cuestión se encaró con nosotros y tan sólo dejó de acercársenos cuando empezamos a gritarle (aunque es verdad que se apartó sin quitarnos ojo de encima, tal vez molesta porque le hubiéramos espantado al ternero). Con el camino despejado (aunque las cunetas rebosantes de ojos brillantes), seguimos andando procurando evitar las arañas luminosas. Entonces llegó el momento National Geographic: nos topamos con un alacrán que, ajeno al público, capturó ante nosotros una especie de pequeño escarabajo. Tras pinzarle la cabeza, le ensartó el aguijón y lo engulló en cuestión de segundos. Ojipláticos (yo por la ilusión del espectáculo gastronómico que nos acababa de dedicar el alacrán, Vir por la permanente amenaza de los ojos brillantes que nos miraban desde las cunetas) seguimos andando (sí, anduvimos mogollón). Por fin, y gracias a las lluvias de estrellas que se prodigan en esas fechas, nos topamos con tres hombres que se parapetaban tras un enorme telescopio. Preguntamos a los cosmonautas si el pueblo que se veía a lo lejos era Vilamaniscle, nuestro objetivo. Con un acento más que delator nos explicaron que no, que lo que se veía era Banyuls y que acabábamos de cruzar la frontera con Francia. "¿Esto es Francia, en serio?". Fue todo lo que acerté a decir al hombre que, pese a las diferencias de idioma (ni Vir ni yo hablamos francés), comprendió mi sorpresa y se esforzó en explicarnos cómo llegar a Vilamaniscle, con la ayuda de otro de los cosmonautas franceses que chapurreaba inglés. La indicación era básica y muy representativa: "Up the hill, down the hill. At the junction, turn left". Nuestro mapa ya había demostrado ser más bien inútil. La guía estaba desfasada. Las señales blancas y rojas brillaban por su ausencia (probablemente, ante la oscuridad de la noche nos hubiéramos pasado un desvío evidentemente importante). Así que las indicaciones del cosmonauta eran lo mejor que teníamos. Pasó lo que tenía que pasar: acabamos perdidos en mitad de la nada. Lo más sensato parecía volver a la carretera y retroceder hasta localizar una marca de GR desde donde continuar al día siguiente. Conste que es más fácil de decir que de hacer. Además, dormir en la cuneta de una carretera plagada de arañas enormes y jinetas no resulta especialmente atractivo. Pero era la mejor opción. Centrados en no perder de nuevo el camino para conseguir volver a la carretera, nos sorprendió un gruñido amenazador. Volvimos a acordarnos del cartel de la caza mayor y del jabalí que vimos correr. Cuando un jabalí te amenaza en la dirección que tú tienes que tomar, supongo que hay muchas opciones. Yo opté por la que me pareció más acorde: amenazarle de vuelta. Cogí una piedra en alto y -consciente ya de que los silbidos no son buena idea- le grité con todas mis fueras "¡Fuera bicho! ¡Fuera!". Por fin regresamos a la carretera y encontramos un trozo de cuneta más amplio. Dejamos los reflectantes y las mochilas como obstáculo previo para un coche que pudiera atropellarnos e intentamos omitir toda imagen mental a las arañas y a los ojos brillantes y jabalís para poder dormir. Entonces se despertó la Tramontana. Para los que no la conozcáis, es un viento fuerte, frío y desagradable que, añado al conocimiento científico al respecto, hace efecto cometa con las fundas del vivac. En fin, la noche pasó, como pasan todas, y a la luz del día no fue difícil encontrar de nuevo las marcas del GR. Sé que ha quedado una narración un poco larga, pero, qué queréis, fueron 13 horas 35 minutos de caminata. Por si todavía tenéis ganas de analizar los daños psicológicos que nos dejó esta etapa, os dejo aquí un vídeo chorra que hicimos Vir y yo al día siguiente. El resto de la Transpirenaica, por cierto, genial, pero si un día ha dado para esto, creedme, no queréis que os la cuente entera. Madrid (recién llegados de vuelta), 15 de agosto de 2009 June 14 La sensación de estar donde tienes que estarNo te salves No te quedes inmóvil al borde del camino no congeles el júbilo no quieras con desgana no te salves ahora ni nunca no te salves no te llenes de calma no reserves del mundo sólo un rincón tranquilo no dejes caer los párpados pesados como juicios no te quedes sin labios no te duermas sin sueño no te pienses sin sangre no te juzgues sin tiempo pero si pese a todo no puedes evitarlo y congelas el júbilo y quieres con desgana y te salvas ahora y te llenas de calma y reservas del mundo sólo un rincón tranquilo y dejas caer los párpados pesados como juicios y te secas sin labios y te duermes sin sueño y te piensas sin sangre y te juzgas sin tiempo y te quedas inmóvil al borde del camino y te salvas entonces no te quedes conmigo Mario Benedetti November 25 Sigo haciendo fotillos... y experimentos Bueno, la idea es que bajo estas líneas se vea un vídeo de las fotos de una amiga a la que fui a ver bailar flamenco. El vídeo está hecho deprisa y corriendo con el Nero y lo he subido a internet con Megavideo, porque parece que te deja subir archivos de hasta 5 Gb, lo cual es una barbaridad. Así que ahora lo suyo es ver si se puede empotrar bien en el blog y hala, a gozármela con vídeos casi ilimitados. Además, me parece que cualquiera se puede descargar el archivo original, por lo que podría verlo sin perder tanta calidad. Si alguien prueba, que me lo diga. Pd: La canción, por si a alguien le interesa, es "Tres notas para decir te quiero", de Vicente Amigo. Aeropuertos de última tecnología Estoy sentado en el aeropuerto de Dublin y me acabo de acordar de la Cañil: me he dado cuenta de que me he quedado obsoleto. Estoy leyendo una revista. Sólo otras ocho personas en una sala de embarque abarrotada hacen lo mismo. El resto, se reparten. Los menos preparados no quitan ojo a una pantalla ultraplana que cuelga sobre mi cabeza retransmitiendo los Juegos Olímpicos. Otros, con más aspiraciones que capacidad, se dejan estafar en unos ordenadores-cabina en los que te puedes conectar a internet a base de monedas. Pero los buenos, los que viajan al ritmo de la tecnología, son los que sorprenden. A mi lado, una niña de no más de 14 años ve una película en una televisión portátil que funciona con memory card. Enfrente, una enana de unos 6 años no se despega de la Nintendo DS, lo mismo que otra niña en la fila de atrás, sentada junto a una madre ultra concentrada en la película que se ha puesto en la PSP. A mi alrededor brotan los portátiles, los iPods y móviles de última generación, iPhones incluidos. Francamente, voy a ponerme los cascos y encender todos mis aparatos electrónicos a ver si me integro y a guardar la libreta antes de que esta gente me empiece a echar limosna. Aeropuerto de Dublin (Irlanda), 21 de agosto de 2008 Diez años pintando un mapa Casi prefiero que me hablen mal de una ciudad; es más difícil que te decepcione. Belfast, en general, me la habían pintado como un pueblucho, sin nada que hacer y sin mayor interés. En su lugar, me he encontrado una pequeña ciudad llena de encanto (y de agua, sí...) que intenta superar un pasado violento y crece a ritmo adolescente gracias a los fondos europeos. Durante tres días he tenido cosas suficientes para mantenerme entretenido, y Belfast ha demostrado ser un centro estupendo para una escapada a Derry, y me apostaría los dedos de la mano que más uso a que hay otros muchos sitios que se pueden visitar desde aquí. Es cierto que tener a alguien con quien dar una vuelta y tomar algo por la tarde le da otro toque a la ciudad, que se hace automáticamente más entretenida. Quién sabe, quizá habría salido pitando de aquí mucho antes si no hubiera sido por Edu y Nuria. Pero el hecho es que he disfrutado de Belfast, y se ha convertido en un broche perfecto para clausurar un viaje que llevaba diez años esperándome. Los 14 años los cumplí en Irlanda. Es el primer sello de mi pasaporte. Fue mi primer viaje al extranjero sin mis padres. Pero entonces este país se reducía a un pueblo sin ayuntamiento y con bolera y a un parque frente al centro comercial de la capital donde nos descargaban algún fin de semana. Necesariamente, Irlanda tenía que esconder algo más. Escondía Killarney, Galway y Sligo; los acantilados de Moher, las Islas de Aran y la Calzada de los Gigantes; escondía a Derry y a Belfast. Soy consciente de que me queda todo el sur de la isla, pero al menos Bray ya no es la única ciudad en mi mapa de Irlanda. Belfast (Irlanda del Norte), 20 de agosto de 2008 August 20 Cuando crees que me ves, hago chas... y desaparezcoIrlanda, e Irlanda del Norte en particular, son paises sin duda mucho mas avanzados. Hasta el punto de que han inventado el teletransporte. Solo asi se entiende que la cidudad se quede vacia en cuanto cierran las tiendas. La gente desaparece, dan las 18:00 y la gente desaparece, en una version madrugadora de La Cenicienta. Partiendo de esta base, no estoy muy seguro yo de que la conciliacion laboral sirva de nada. Aqui han conseguido alcanzar (a ver cuanto les dura) la jornada de 9:00 a 17:00, y encima con una hora para el raquitico sandwich que toman por lunch. Pero claro, para que quieres salir a las 17:00 si no tienes nada que hacer? Hasta las iglesias cierran a las 16:00: no puedes ni rezar, joder! Las pocas opciones que quedan son ir al super (a algunos), que cierran a las 23:00, o a la sesion golfa del cine, la de las 21:30, que es la ultima. Por supuesto te quedan los pubs (y aun asi hay algunos que no abren hasta las 19:00, o sea que tienes dos horas muertas -estupendas para cenar...-), con lo que las alternativas de ocio se reducen enormemente al alcoholismo, por suerte sazonado frecuentemente con musica en directo, que es muy comun en los pubs. No busques ni gimnasios, ni cursos, ni exposiciones. Ni siquiera cafeterias. Supongo quese podra salir a pasear o a hacer deporte al aire libre, aprovechando el envidiable clima del que goza este pais... Vamos, que me da la impresion de que es una conciliacion laboral destinada basicamente a estar con la familia, no a disfrutar de tu ocio. Todas las tardes encerrado en casa con la familia... Empiezo a comprender lo de las asociaciones de suicidas. Derry (Irlanda del Norte), 19 de agosto de 2008 Pd.: Os juro que odio mas que ninguno escribir sin tildes y sin los simbolos de interrogacion y demas, pero es que una cosa es enfrentarse contra los teclados ingleses, y vale, pero ya si se coaligan con Linux, no hay dios... Intentare corregir todo cuando vuelva a casa o encuentre otro ordenador (que, por cierto, ya he corregido tambien el post de ayer, que tenia erratas para aburrir. Lo siento, pero la informatica es asi). August 19 Oferta de países: dos por unoDado que en este país diluviar sólo se conjuga en infinito (llevo una semana mojado, joder, hay pantanos con menos humedad que yo) y puesto que me han clavado 34 libras (unos 45 euros) por la única habitación libre en todo el puto Belfast (y eso de que este hotel está en Belfast habrá que discutirlo con los cartógrafos...), he decidido hacer una huelga de seacno y quedarme encerrado en mi cuarto hasta que deje de llover -o en su defecto hasta mañana, si decide no parar-. No preocuparse, tengo televisión y water (y una máquina de chocolatinas con la que completar una dieta de vicios básicos). El caso es que ya he esparcido por toda la habitación mi ropa y demás posesiones completamente empapadas (si el "Retrato de un artista adolescente" consigue recuperarse de esto será más bien como el "Retrato de un submarinista adolescente"), ya he drenado mis cubremochilas y escurrido mis macutos y ya he puesto la calefacción a tope para poner a prueba las cualidades secadoras del efecto invernadero. Así que, sin nada mejor que hacer, me ha dado por ponerme a pensar en las diferencias que he visto por el momento entre Irlanda e Irlanda del Norte. No olvidemos que llevo sólo tres días en Irlanda del Norte y que mi capacidad de observación siempre me ha emparentado muy directamente con los topos. Pero básicamente he encontrado tres diferencias. En primer lugar, Guinness ya no es imperativo categórico. Existe, sí, pero aquí la cerveza negra por excelencia ya no es la dueña del cotarro. El pelícano de marras ya no preside cada bar y no hay un hombre tirando de un carro pintado en dos de cada tres paredes. En el norte venden incluso sidra (tienen hasta una de pera) y la cerveza dominante es una rubia llamada Harp. Aunque, por lo que me han contado, los gustos te los dan al confesarte: los católicos se aferran a su Guinness, los protestantes se pavonean con su Harp. Vale todo para fomentar el sectarismo. La siguiente diferencia son los Samaritanos.No sé si os acordáis de ellos, pero son los de la línea caliente antisuicida que me encontré en los acantilados de Moher. Pues no están solos. En el norte compiten con otra hotline que se anuncia incluso en los autobuses: Lifeline. Sin entrar a valorar la posible regulación mercantil del oligopolio del suicidio, lo cierto es que una fuerte presencia de dos asociaciones dedicadas a prevenir suicidios es más que indicativo. Y me juego los dedos de la mano que más uso a que algo tiene que ver en todo esto la puta lluvia. Y supongo que si aquí hay más suicidios que en el resto de la isla, alguna influencia tendrán años de conflicto y terrorismo. La última diferencia que me ha dado en la pupila es la Union Jack, la bandera del Reino Unido. Está hasta en la sopa (creo que hay una por cada cartel de Guinness en el resto de Irlanda). Supongo que dependerá de por qué zona te muevas, y supongo también que, siendo la minoría oprimida durante muchos años, los independentistas serán mucho más discretos, pero desde luego está claro que aquí hay mucha gente que quiere ser inglesa. Y quieren que se sepa. Ultimo bastión seco, Belfast (Irlanda del Norte), 16 de agosto de 2008 Pd.: Si alguna vez volvéis a ver una postal de Irlanda soleada, ¡denunciadles por publicidad engañosa! Pd2: Actualizando a 17 de agosto, no paró de llover... Según me han contado Nuria y Eduardo (dos jóvenes con los que me une algún tipo inconcreto de parentesco), las de ayer fueron las peores lluvias que han visto en los dos años que llevan en Belfast. Incluso se inundó un túnel de la ciudad; se inundó completo, en plan pecera: ¡6 metros de agua, uno encima de otro! Keep walkingMiticada al canto.Lo que iba a ser una marcha de 17 km por acantilados, se ha convertido en 28 km de playa, prados, barro, piedras y, para culminar, 11 km de carretera. Es lo que tiene perder el último bus.
Hoy he visitado el sitio que tenía en mente desde antes de venir a Irlanda, el objetivo principal de mi viaje: la Calzada de los Gigantes. Como iba preparado para que me decepcionara, no quería limitarme a coger un bus que me llevara hasta allí, así que me las he perjiñado para encontrar una marcha preciosa desde un puente colgante hasta la Calzada. En principio, 17 km.
La primera sorpresa ha llegado al encontrarme el puente cerrado. Un país que cierra un pequeño puente colgante para poder cobrar por la entrada, es que de verdad explota sus recursos turísticos. El caso es que yo he llegado tan temprano que no había nadie para cobrarme, me he esperado hora y media pacientemente sentado (ha sido, que conste, lo mejor del puente, porque ha sido la hora y media que lo he tenido sólo para mí y las gaviotas), me he abierto a mí mismo en cuanto han quitado el candado (con la consiguiente bronca del que había quitado el candado, que contaba con que a nadie se le ocurriera descorrer el cerrojo de una puerta por lo demás cerrada) y he cruzado el puente sin un turista alrededor y me ha dado tiempo a unas pocas fotos antes de que llegaran las hordas de guiris -entre los que, por otro lado, me incluyo, que ahí estaba yo cámara en mano el primero-.
Superado el puente y ya con dos horas de retraso sobre lo que había planeado, me he entretenido otra horita más en hacer unas fotos y, sobre todo, en encontrar el camino correcto (tras trepar y destrepar unas cuantas rocas, he llegado a la más que sensata conclusión de que eso no podía tomarse por un camino, me pusiera como me pusiera).
Ya en el camino en sí, la siguiente sorpresa ha sido averiguar de la forma más empírica posible que no iba por el borde de un acantilado como yo esperaba, sino a pleno pie de mar, al principio por el típico prado irlandés, que de repente se ha convertido en una playa cojonuda con sus afanosos irlandeses construyendo castillos de arena y todo (la verdad es que más bien debían de estar levantando una ciudadela, porque eran cuatro o cinco tipos ya con los huevos negros y utilizando palas más parecidas a las de construcción que a la mítica del cubito).
A lo largo de la ruta, la senda vuelve a subir y a alejarse del mar, pasando de la playa a zonas de piedras, de ahí a los prados y a ratos, como no puede ser de otra forma con esta lluvia, al barro. Muy variada la ruta, sí señor, con sus acantilados y todo, y unas permanentes vistas que alternaban entre impresionantes y bucólicas, según tocara precipicio o pradito con ovejas.
Seis horas de sucesión de los susodichos paisajes desembocan en la Calzada de los Gigantes. La Calzada en cuestión es una auténtica maravilla. Pero con lluvia, viento, frío y un constante hormigueo de turistas, tiene un encanto mucho más particular que en las postales, creedme. Pero bueno, lo importante es estar ahí en persona; la imagen para el recuerdo ya la pillarás de cualquier revista.
El caso es que entre proteger la cámara de la lluvia y esperar a que diversos italianos se quitaran de delante, se me ha escapado el último bus de vuelta.Y la jodía de Turismo no ha podido evitar reirse cuando le he preguntado si había al menos alguna forma de acercarme hasta el pueblo donde me alojo.
Cuando pierdes un bus por estar haciendo unas fotos que, encima, no son particularmente buenas, sólo puedes pensar una cosa: "hala, a andar", con lo que duele pensar eso después de todo el día pateando, con 11 km en perspectiva -por carretera atajas, sin vistas, pero oye-, calado y todavía lloviendo. Eso sí, me alegré mucho de no tener a nadie al lado que se pudiera cagar en mí y en mis puñeteras fotos (sí, César, Iñigo, Perujo, Vinchi, estoy pensando en cualquiera de vosotros...).
¿Por qué no cogí un ta- qué? Los taxis hasta aquí no llegan; aquí la gente se mueve en tour o en coche. Aunque también es verdad que no se me habría pasado por la cabeza, que si a un sitio no va ni Dios en taxi probablemente sea porque es demasiado caro, como ya confirmó Galileo cuando le insistieron en que el taxímetro no corría ("Y sin embargo se mueve").
Vivida la experiencia, un consejo para caminantes, sobre todo de carretera: nunca olvides tu iPod. Me he enchufado la música y me he ventilado los 11 km de regreso en hora y media como un loco. ¡Soy un animal, soy un animal!
Ballintoy (Irlanda del Norte), 15 de agosto de 2008.
Pd.: Si en el relato no habéis encontrado ninguna pausa para comer, no es que os la haya resumido, es que hoy no tocaba... Un sandwich envasado para desayunar y después en todo el día no ha habido ningún lado para comprar ni una miserable chocolatina. Eso sí, me he metido una cena con postre y todo. Vivan los lujos. August 13 Profanando tumbas ¿Cómo verán en el futuro nuestras tumbas? ¿Habrá algún mamarracho que haciendo turismo se meta dentro a grabar un vídeo absurdo? He estado en las "tumbas corredor" ("passage tombs", no estoy seguro de que "corredor" sea la traducción más correcta) de Carrowmore y Carrokeel. Comparados con nuestros agujeros, los dólmenes son tumbas espectaculares; comparados con las pirámides, no valen una caraja. Carrowmore no es gran cosa. Quizá la visita guida lo haga más interesante (por lo que oí, me da la impresión de que meramente lo hace más largo), pero si no, salvo que seas un afanado del Neolítico, lo único que ves son pequeñas montañas de hierba sobre las que sobresalen unas piedras (excepto la tumba que está desenterrada, que ahí sí se aprecia el dolmen entero). El folleto que te dan sirve poco más que como mapa, pues la información que te da es escasa y mal traducida. Vamos, que no merece la pena..., hasta que vas a Carrowkeel. En Carrowkeel los dólmenes son mucho más grandes e incluso te puedes arrastrar al interior; una vez dentro, son lo bastante espaciosos como para ponerte de pie sin agobios. Vaya, que mola mucho más. Pero aquí sí que no hay nada de información, ni un miserable cartel, con lo que el escueto folleto de Carrowmore se convierte en toda una referencia enciclopédica. Todo es cuestión de comparaciones. Sligo (Irlanda), 13 de agosto de 2008. Give me shelter Diluvia. Estoy medio guarecido en el porche de lo que parece ser la caseta abandonada de un proyecto de la Unión Europea. A lo largo de la puerta en la que me respaldo, las telarañas se superponen unas a otras, hasa el punto de que algunas han alcanzado tal densidad que estoy seguro de que son más resistentes que la propia cochambrosa puerta. He hecho lo posible por buscar refugio en un barcillo durante las cerca de tres horas que tengo que estar esperando al bus. Pero no me sale. Lo de quedarme horas en un establecimiento con una consumición, no me sale. He pedido roast beef y he comido lo más despacio posible; incluso me he quedado escribiendo un post. Pero no he aguantado siquiera hora y media. Y no es que me hayan echado, es que se me hace raro estar yo solo sentado sin tomar nada. Supongo que si fuera con más gente, al estar hablando disimulas, pero yo solo... Me imagino que me habrían echado sutilmente en breve. En fin, nunca me había beneficiado tan directamente de los fondos europeos, y menos de que dejaran de darlos. Mucho más bucólico así, dónde va a parar. Castlebaldwin (Sligo, Irlanda), 13 de agosto de 2008 ¡La Virgen de la Cueva! He descubierto que me gustan los días de lluvia porque no hay días de lluvia. Pero cuando se suceden uno tras otro sin dar tiempo siquiera a que se te seque el miserable pantalón de plástico (no tan impermeable como sugiere su nombre), la historia cambia. Galway se considera una región lluviosa entre los propios irlandeses, lo cual ya es muy significativo. Pero además parece que el país entero está atravesando una temporada especialmente lluviosa: hace un par de semanas las lluvias desbordaron las aguas del río Shanon (que pasa por Limmerick, cerca de Galway) y el fin de semana pasado se produjeron riadas en Dublín (incluso con un herido). Para que os podáis hacer una idea, imaginad que llegara una ola de calor al desierto... Pues eso, jarras y jarras de agua están cayendo. Sin embargo, el primer día que llegamos a Galway, estaba soleado (dentro de los parámetros irlandeses, claro) y hoy que me voy a Sligo no ha llovido en lo que va de mañana. Vamos, que no voy a volver moreno, pero al menos las ciudades de este país tienen cierta elegancia a la hora de saludar y despedir al visitante. Galway (Irlanda), 12 de agosto de 2008 Pd: Pese a todo, le sigo encontrando un delicioso aire misterioso a pasear bajo la lluvia o entre la niebla. Y de pronto, un castillo La Sky Road tarda en merecer la pena. Primero hay que llegar hasta Clifden, uno de tantos pueblos irlandeses que consisten en una glomeración de casas de colores a lo largo de unos 500 metros de carretera, unos pocos chalets dispersos entre prados más que jardines y la correspondiente iglesia que debe tener todo pueblo que se precie (en este caso, dos, y ninguna pequeña). Una vez en Clifden, echas a andar. Un par de señales mantienen viva tu esperanza de no haberte equivocado, pues las prometidas impresionantes vistas desde la Sky Road no aparecen por ningún lado. Hasta media hora más tarde. De pronto, si la niebla está por la labor, surge a tu izquierda un brazo de mar que va desde Clifden hasta el infinito, salpicado de basrcas y pequeñas redes de piscicultura. Aquí a la lluvia hay que ganársela. Así que si no te amedrenta la primera media hora de chaparrón, quizá luego te respete durante el resto del camino, que se convierte en una auténtica maravilla. Durante cuatro horas de caminata rápida (aun parándome a hacer fotos, hay que reconocer que ando a buen paso, máxime bajo la amenaza de quedarme sin bus de regreso) se da la vuelta completa a la Sky Road, hasta el punto de que te genera cierta sensación de estar rodeando una isla. Ya de regreso, a poco que te desvíes, te topas con un magnífico castillo en ruinas. Según me contó un lugareño -que decía ser uno de los ocho actuales propietarios de las ruinas en sí-, el castillo lleva abandonado desde 1894, y está ruinoso porque los herederos decidieron quitarle el tejado y las ventanas, de forma que fuera inhabitable y por tanto no fuera considerado vivienda, y, así, no pagar impuestos. La pela es la pela, incluso para la nobleza. Clifden (Irlanda), 11 de agosto de 2008 August 11 Es una buena galleta, eh Recuerdo con especial nitidez, no sé muy bien por qué, una página del libro de literatura de cuarto de la ESO. No estoy seguro de si hablaba de 'La Canción del Pirata' o de los románticos en general, pero estaba ilustrada con un dibujo de un viejo asomándose a un acantilado impresionante contra el que rompían las olas con fuerza. Aquí no hay olas que impresionen al chocar contra las rocas, pero los Acantilados de Moher no hacen más que traerme esa imagen a la mente. Caminas entre la niebla, tan densa que sólo ves el borde de lo que sabes que es un precipicio, pero parece que si siguieses andando caerías sobre un blanco algodón de azúcar, y no que te vayas a despeñar a lo largo de 203 metros hasta el mar. Cada cierto tiempo, la niebla se dispersa; sigue lloviendo, pero esto es lo más parecido a ‘despejarse’ que te puedes encontrar en esta zona. Durante los tres minutos que no hay niebla, disfrutas como loco de la vista, y, francamente, comprendes que la gente venga aquí a suicidarse: si va a ser lo último que hagas, qué mejor que experimentar algo parecido a volar sobre este paisaje maravilloso. Me hacen gracia los carteles que hay al principio del camino por los acantilados de una organización llamada Samaritanos. Sirva éste como ejemplo: “Who cares? We do” y un número de teléfono al que llamar si estás pensando en suicidarte. Me imagino la conversación de alguien que ya ha llegado hasta allí: “Hola, ¿están los samaritanos? Que se pongan” “¿En qué podemos ayudarle?” “Que me voy a suicidar” “No, hombre, no. ¿Dónde está usted ahora?” “En los Acantilados de Moher” “Ah, entonces nada. Disfrute de las vistas y haga fotos mientras cae, que siempre decoran mucho en la lápida”. Os dejo un par de vídeos haciendo el payaso. El segundo es sólo para quienes quieran saber si cumplí el objetivo, pero merece la pena verlo sólo por lo flipada que se queda la guiri del fondo... Acantilados de Moher (Galway, Irlanda), 9 de agosto de 2008 Pd: A estas alturas ya os habréis dado cuenta de que estoy empezando a usar los vídeos de Flickr. Ah, lo siento por vosotros... |
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