| Samerdeck's profileDe bandera, la ilusión.....PhotosBlogLists | Help |
De bandera, la ilusión...y preparando la acción, que la cordura no tiene oferta November 22 Y ya ha pasado un año-Miguel, ¿llevas clinex? Feliz aniversario. Os quiero. Bata (Guinea Ecuatorial), 22 de noviembre de 2009Más vale una imagen Para todos los que queréis saber cómo va nuestra convivencia con los gusanos (parece, por cierto, que hemos llegado a una victoria pírrica: hemos cortado el agua corriente y, por lo visto, sin agua corriente se mueren. A cambio, nosotros sacamos agua del pozo y damos el agua sólo cuando vamos a filtrar agua para llenar el cubo con el que después ducharnos. La del pozo, por cierto, la usamos sólo para fregar cacharros y también la filtramos, porque aunque no tiene estos gusanos asquerosos, tiene otros más pequeñitos y que dicen que son las larvas de los mosquitos. Es verdad que se supone que esos, mientras no te los comas, no pasa nada -los otros parece que pican-, pero bueno, no hay necesidad de arriesgarse). Para los que os apetezca saber más cosas de nuestra vida cotidiana (y no tanto tocho pseudo reflexivo). Para los que todavía no tenéis muy claro a qué he venido yo (aparte de a disfrutar). Para los que queráis empezar a poner cara a nuestra gente por aquí. Para los que no os apetece un carajo leer. Y, sobre todo, para los que no os habéis dado cuenta de que pinchando en cualquier foto de las que he subido ultimamente vais a mi álbum (sorprendentemente, no ha sido el caso de mis padres), aquí os dejo el link al álbum que llevo en flickr: Guinea 2009-2010. Las fotos están comentadas para iros explicando un poco qué hacemos por aquí. Vosotros también podéis comentar todas las fotos, así que no os cortéis. Aquí os dejo una para ir abriendo boca. November 15 Se acabaron las duchas23 gusanos. Ha sido el tope que hemos tolerado. Los gusanos se han ido sintiendo cómodos poco a poco, dejándose ver cada vez con más frecuencia. No sabemos muy bien de dónde salen, pero nosotros los vimos por primera vez en la ducha. Aparecía uno o dos cada vez que te duchabas. Pero pusimos la gasa, y pensamos que eso los retendría. En seguida nos dimos cuenta de nuestra ingenuidad. Seguían asomando. Les costaba más aparecer a través de la gasa, pero se dejaban caer (literalmente…). Poco a poco fueron apareciendo más. Vir y yo empezamos a tener una competición no deseada de ver a quién le aparecían más gusanos en cada ducha. Cuando ya anunciaba que me habían caído 5, cuatro de los cuales me los había tenido que quitar del cuerpo, ella anunciaba 7. Hasta que el sábado canté bingo: ¡23 gusanos, premio para el caballero! Y lo peor no fue el record, fue que encima llegó el día siguiente a nuestra operación anti gusanos. Convencidos de que habían hecho un nido en la manguera de la ducha, el viernes por la noche nos quedamos en casa y chorreamos lejía por el tubo. Guerra química. Quitamos la gasa, comprobamos que estaba llena de gusanos, dedujimos que quizá habían puesto huevos en la propia gasa y comenzamos el ataque. Un par de minutos después del bombardeo, abrimos el grifo y empezaron a caer en parejas, tríos y demás suerte de orgías. Vir, ofuscada en aniquilar, pensó que si la lejía no podía con ellos, quizá dejando correr el agua acabaran saliendo todos. Litros y litros de agua se fueron por el desagüe sin que dejaran de aparecer gusanos. Su conciencia ecológica la llevó a rendirse, bastante influenciada también por la posibilidad nada remota de acabar con todo el agua del aljibe. Mi ducha del día siguiente confirmó nuestra derrota. Vir empezó a ducharse a cubazos. Era nuestra última opción, basada en que sólo salían gusanos del grifo de la ducha y, por tanto, podíamos contar aún con el apoyo del lavabo. Hoy hemos perdido también esa atalaya. Y, lo peor, tras comprobar que ya salen gusanos también del grifo del lavabo, Vir ha quitado la gasa correspondiente –llena de gusanos, como era de esperar- y ha ido a contrastar nuestros temores en la cocina. Sí, también hay gusanos en el grifo de la cocina. Hemos comprobado que ya salen gusanos de todos los grifos de la casa (de todos por los que corre el agua, claro). Vir está ahora mismo buscando por internet qué cuentan sobre gusanos por el grifo y estamos en plena reflexión sobre si debemos ducharnos, lavar la ropa o cocinar con ese agua. Típico problema doméstico.
Bata (Guinea Ecuatorial), 15 de noviembre de 2009 November 11 La claveLa sal, de Cádiz; los garbanzos, de Barcelona; la leche en polvo, de Holanda; el aceite, de Madrid; el café, de Brasil; la leche, de Marruecos; las galletas, de Palencia; el arroz, de Mali... Y así, un internacional etcétera. El primer día de supermercado a nosotros también nos impactó. El segundo, bastó con una simple indignada resignación. Todo es importado. Todo. Después llegó el mercado tradicional y la yuca (principal causa de obesidad en los mayores de 40 años en este país), y la remota posibilidad de un consumo local. Pronto tiraron nuestras fantasías por tierra al contarnos que los tomates vienen de Camerún. Empiezo a pensar que importan hasta los mosquitos. Hasta las artesanías las importan, y no digo más... Para colmo, el cargador de baterías solar que nos trajimos en un alarde de sostenibilidad, ha muerto. Parece ser que sí que coge energía, pero no la suelta. Debe de ser que se ha enterado que aquí todo lo que viene de fuera tiene más valor. Además, el agua tiene que ser embotellada. Hemos conseguido sustituir el aire acondicionado por un ventilador nocturno, pero para el resto del día no se puede quitar, por prescripción médica, so pena de lipotimia. Aunque empezamos a descubrir las distancias a pie, Bata es más bien un scalextric que sólo se ve desde la ventanilla del coche. En fin, que habrá que aceptar que aquí lo máximo a lo que podemos aspirar es a una vida muy ligeramente sostenible. Pero, como vacuna para nuestra resignación, hace unos días, Sandra y Gonzalo, unos amigos, nos dieron la clave para nuestra preocupación. Y, como suele ocurrir, la solución pasa por una máxima esencial: "solo no puedo. Con amigos, sí". Nos remitieron a un mítico capítulo de Friends (serie de referencia para todo lo que pueda pasar en la vida moderna y activa, a la vista está) en el que Phoebe, la vegetariana, está embarazada y le entra antojo de carne. Joey, básicamente carnívoro, le ofrece que, para que no mueran más vacas y ella pueda comer carne con la conciencia tranquila, él dejará de comer carne hasta que dé a luz. Siguiendo este ejemplo, Sandra y Gonzalo se han comprometido a no tomar cereales Kellog's, a sabiendas de que son los únicos que podemos encontrar aquí. Y eso que ni siquiera están muy convencidos del tema de los transgénicos. La idea es de por sí preciosa y el gesto es digno de un enorme abrazo, fueran cuales fuesen las circunstancias. Pero aquí, especialmente. Especialmente, porque aquí resulta insultantemente evidente (por contraste) lo fácil que es en España reciclar y hacer las cosas un poquito bien. Y, por extensión, resulta insultante que no lo hagamos. Así que os propongo apoyar la propuesta de Sandra y Gonzalo: que cada uno de vosotros adopte una práctica ecológica que nosotros aquí no podemos hacer. ¿Quién se apunta a echarnos una mano? Bata (Guinea Ecuatorial), 11 de noviembre de 2009 November 05 El país del cola cao Alfombra roja para nuestra llegada a Bata. Después de ver angustiados cómo los encargados del equipaje miraban confundidos unas maletas que no deberían estar en el vuelo que estaba a punto de salir (más que nada porque deberían haber estado en el del día anterior), ayer por fin llegamos a Malabo, sin ninguna confianza de tener equipaje alguno. Pero, tranquilos, por suerte, perdí la porra: llegaron todas las maletas. En el puesto de control de pasaportes de Malabo, un cartel curioso: "Por favor, respete los derechos humanos". Vaya, como el que pide que por favor no fumes. "Perdone, si no le molesta mucho, ¿le importaría no torturarme?". El cartel no decía exactamente eso, y sí que hacía hincapié en que la ley prohibe cualquier tipo de tortura, y que hay que proteger a los detenidos y bla, bla, bla... En fin, no deja de ser paradójico. De Malabo cogimos otro avioncillo -más próximo a la avioneta de Los Rescatadores que al Concorde, si he de hacer comparaciones- a Bata, donde al aterrizar nos esperaba el ejército con la alfombra roja puesta. Estos guineanos, que son de un protocolario... Por lo visto también vino anoche el presidente de Sudáfrica, pero bueno, que se joda, que la alfombra ya está estrenada. Para entrar en el país tuvimos que pasar el rutinario control de pasaportes (que aquí incluye una fotito en el acto y consulta médica a Vir -puesto que era la poli que le estaba dejando entrar al país, le pareció mal decirle que no estaba en horario de consulta), el algo menos rutinario control sanitario y el esperadísimo control de maletas. He de reconocer que iba preparado para estar horas, máxime después del calentamiento francés en el Charles De Gaulle, donde, a pesar de mis advertencias, me hicieron vaciar por completo mi mochila de elementos electrónicos. Por supuesto, consiguiente colapso de la fila. Pero en Bata, cuando ya estaban empezando a sacar cosas, el poli de al lado le encontró a Vir el fonendo. Dieron por sentado que todos éramos médicos. Oye, contraseña correcta. En cuanto oyeron lo de médicos dejaron la revisión y nos dieron paso franco. Dani (el coordinador de proyecto aquí. Ya haré una presentación en condiciones de la gentecilla del lugar, con fotos y todo) nos recogió en un magnífico 4x4 y nos explicó que la imponente presencia policial y el corte de las calles a nuestro paso no es lo normal. El presidente de Sudáfrica, que prefiere pasear solo. El coche se detuvo ante una verja negra que escondía una casa colonial preciosa. La casa es más grande que todas las casas de mis padres juntas. Es la casa-sede. El cuarto de arriba son nuestros dormitorios (Vir y yo en uno, Ana en otro) y un despacho para los expatriados; el cuarto de abajo es la sede donde trabaja un huevo de peña. No creo que Virus y yo aspiremos nunca a vivir en semejante mansión. Lo único malo es lo de que las cisternas no funcionen o que el agua no sea potable, pero vaya, minucias para quitarle glamour, ampliamente compensadas por el aire acondicionado en cada habitación, elemento de lujo superfluo en un principio, herramienta básica de supervivencia poco después de una hora. A lo del agua estamos intentando adaptarnos poco a poco. Para beber no hay tu tía: embotellada, so pena de cólera. Pero estamos investigando si el purificador que tenemos funciona para intentar filtrar el agua (después de haberla hervido bien previamente) y que nos sirva al menos para cocinar y lavarnos los dientes. Porque no, con el agua del grifo no se puede uno ni lavar los dientes. Llamadlo paranoia, pero oye, es que al abrir el grifo, el agua arrastra mierdas de pájaro, en tal grado de compactación que parecen barro. Por lo visto el agua del grifo proviene de un aljibe que se llena con la lluvia..., y con todo lo que caiga. De hecho, esta mañana al ducharme (agachado, dicho sea de paso, porque el cable de la ducha no me llega a la cabeza), la duda ha sido inevitable: ¿este agua limpiará o ensuciará? Nadie ha comentado nada respecto a mi olor a lo largo del día o sobre si llevo o no cagarrutas de pájaro en la cabeza, así que supondremos que limpia. Hoy ya hemos empezado a trabajar. La verdad es que se trabaja duro. De 8:00 a 15:00, cierto, pero la gente está superconcentrada y no se estila perder el tiempo (excepción hecha de la pausa para el café). Vaya, que quién pillara un trabajo así en Madrid. No, pero en serio parece que va a haber mucho trabajo, y, la verdad, eso está guay. Entre el vuelo y el seguro nos hemos gastado una pasta como para no aprovechar el tiempo aquí. Vir está un poco aturdida ante el cambio de protocolos y cómo el tratamiento de algunas enfermedades aquí no tiene nada que ver (por no hablar del diagnóstico: ¿quién diría en España que fiebre y tos es malaria?). A mí eso, claro está, no me afecta tanto. El programa de radio seguramente empiece la semana que viene, y por ahora me he puesto con el diseño de un par de manuales de salud. Quizá para mí el momento de mayor impacto por ahora haya sido la compra. Sí, no suena muy antropológico, pero oye, nunca fui el Doctor Livingston. En tiempos de la colonia/provincia española, casi todo el cacao que llegaba a España venía de aquí. Con este dato muchos entenderán al fin qué coño hacía "aquel negrito del África tropical" preparándonos los desayunos. Pero eso fue antes del petróleo. Hoy, aparentemente, en este país sólo hay una empresa: la que embotella el agua. El resto, todo lo demás, absolutamente todo lo demás, lo importan. Cuando digo todo, me refiero hasta el gas, que ya tiene cojones cuando tu principal fuente de ingresos es el petróleo. Bueno, pues la bombona que acabamos de poner es de PetroGabón. Claro, la primera consecuencia de esto es que los precios se disparan muchísimo. En la compra de hoy nos hemos gastado unas 40.000 cefas, más o menos unos 60 euros, cerca del doble de lo que nos hubiéramos gastado en lo mismo en Madrid. Supongo que será cuestión de renunciar a muchas cosas que tomamos en Madrid (como el queso rallado, por hablar de lujos) o de buscar los trucos indígenas. Porque algún truco tiene que haber. Si no, no entiendo cómo sobrevive esta gente. Bata (Guinea Ecuatorial), 4 de noviembre de 2009. November 04 Siempre nos quedará ParísCuando uno oye que África se está occidentalizando, no se espera algo semejante. Nuestra llegada a Malabo guarda una semejanza tal con una llegada cualquiera a París que uno podría decir que hemos perdido el avión y nos hemos quedado tirados en la capital francesa. En concreto, lo podría decir perfectamente la mujer que nos ha dicho que nuestro vuelo ya se había ido. Como postal, es estupendo que el primer monumento que visitas en tu viaje a Guinea Ecuatorial sea la Torre Eiffel… Pd: Se abren las apuestas. Si tres aeropuertos ya eran mucha tentación para los perdedores de maletas, esto es rizar el rizo. Hemos facturado entre tres (se nos ha sumado Cecilia, una chica muy maja de Ecuador que andará también por Bata) cinco maletas. Yo digo que llegan cuatro. ¿Quién da más? París (Francia), 2 de noviembre de 2009 October 25 Está cruzando una señora Los chavales que gritaban que había que esperar porque estaba cruzando una señora tenían toda la razón. Está cruzando toda una señora. Y no me refiero en absoluto a la edad. Vir es joven. Y será joven independientemente de los años que cumpla. Del mismo modo, Vir es valiente, y lo es independientemente de las cosas que le den miedo. Porque lo difícil no es no tener miedo a las cosas, lo meritorio es hacer las cosas aun cuando te dan miedo. El valor no es no tener miedo, es superarlo. Cercedilla (Madrid), 24 de octubre de 2009 October 08 Pues yo no me voy a vacunar El problema de la contrainformación es que suele ser demasiado increíble. ¿Quién se va a creer que el 11-S lo hizo la CIA?, ¿quién se puede creer que nos bombardeen a diario con agentes químicos con los aviones (chemtrail)?, ¿cómo van a abducir a nadie los extraterrestres? Al final todos los que apoyan estas hipótesis acaban dando indicios de un mayor o menor grado de locura. El problema es que desde hace unos años me viene dando miedo la posibilidad de que estos locos tengan razón. Galileo, Copérnico o Colón son sólo algunos ejemplos de locos en su momento, personajes históricos hoy por hoy. En cualquier caso, y por increíble que sea la contrainformación, tiene una cualidad indiscutible: plantea dudas. Cada uno puede decidir si esas dudas son o no razonables, pero es sano planteárselas. En el caso de la gripe A, yo personalmente llevo bastante tiempo planteándome esas dudas. Hoy me ha llegado este vídeo que expresa y explica muy bien mis dudas, dándoles un tono científico que no sé si será cierto, pero están lo bastante bien razonadas y justificadas para que a mí me resulten muy creíble. No puedo imaginarme qué intereses puede tener esta monja en que no nos vacunemos de la gripe A (y, por el contrario, ¿qué intereses puede tener el lobby farmacéutico para que sí nos vacunemos...?). Y precisamente porque me parece una recomendación desinteresada, me convence. Os dejo el vídeo, y que cada uno lo escuche y se plantee lo que quiera: CAMPANAS POR LA GRIPE A from ALISH on Vimeo. Esta mujer ya ha saltado a los medios (quizá sea esa su motivación inconfesable, la fama, aunque viviendo en un convento no sé de qué le serviría...), así que también os dejo un par de artículos que han hablado sobre ella:- El Periódico de Catalunya: "Es absurdo lo que se hace con la gripe A" - El Mundo: Una benedictina contra la vacuna de la gripe A (no parece que le dé mucha credibilidad a la monjilla) No creo que tarden mucho en tildar a esta mujer de chalada y enseguida le buscarán fallos en el discurso para quitarle credibilidad. Bueno, quizá ni siquiera tenga razón. Pero si hay un intento de que la vacunación de la gripe A sea obligatoria, espero que todos reaccionemos a tiempo. También dejo el link a un vídeo de una ex ministra de sanidad de Finlandia, aunque a ella es más fácil desprestigiarla, porque por lo visto los extraterrestres le han salvado la vida en tres ocasiones. Lo dicho, estos locos están locos. Pero plantean dudas que dan mucho miedo. Sobre todo si no están tan locos. August 31 El sombrero de Indiana JonesMe gusta mi sombrero de Indiana Jones. Es una macarrada, lo sé. Pero es un poco como me imagino que Vir me ve: un aventurero accidental, más loco que valiente, más afortunado que hábil. Un héroe de medio pelo. Y aun así, su héroe, al fin y al cabo. No es una cuestión de ego. Pero está bien sentir que alguien cuenta contigo. No es que me necesite, es que sabe que si me necesita, voy a estar. Soy un héroe de medio pelo, con una misión sencilla: hacerla reir cada día. No tengo valor. No tengo habilidad. Pero tengo un sombrero de Indiana Jones. Cullera (Valencia), miércoles 26 de agosto de 2009. August 15 "¿¡Pero qué coño es esto!?"Vir, en un arranque ya incontenible de rabia, pronunció uno de los pocos tacos que hasta hoy se le han podido oír, al encontrarse de bruces con una nueva cuesta que subía con una inclinación de las que no se pueden medir con transportador de ángulos. Fue el principio del surrealismo. Después, unos cuantos varios kilómetros después, llegó el chileno profético, cabeza envuelta en toalla, a avisarnos de que lo que nos quedaba por ver decepcionaba. Era el cuarto día de nuestra semana de Transpirenaica y, hasta el momento, nos habíamos dado una hartada a patear (con una sabrosa marcha de 12 horas y 30 minutos el primer día para ir abriendo boca: haceros una idea del resto del menú), pero todo a través de bosques, cada día rodeados de una vegetación distinta. El cuarto día de caminata queríamos dormir en Els Vilars. Craso error. No es que nosotros necesitáramos mucho para dormir. Vivacqueábamos cada día, protegidos con nuestras estupendas fundas ad hoc (para los no iniciados y sin acceso a Wikipedia, vivacquear consiste en dormir al raso y las fundas de vivac son unas pequeñas bolsas en las que te metes con saco incluido. Aunque no lo aparenten por su grosor -y para tranquilidad de las madres que puedan leer estas líneas-, te aíslan estupendamente de tu alrededor, no ya sólo por sus propiedades innatas, sino también por las propiedades mágicas que el subconsciente parece atribuirles, porque a uno le da por pensar que una vez dentro de su funda, ya pueden llover escorpiones, que a ti, ¡plim!). Como decía, necesitábamos poco más que un trozo llano para poder dormir, pero es que Els Vilars no tiene ni eso. Es un pueblo... No, no es un pueblo, es una cochambrera que en su día debió de ser un pueblo. Ahora es un lugar desolador incluso para las ideas más retorcidas de Hitchcock. Una pequeña acumulación de ruinas en las que una mujer (de naturaleza necesariamente antisocial) ha decidido aislarse y afanarse en una reconstrucción con la vista puesta en una futura explotación del turismo rural. Hasta el día de hoy, sus esfuerzos han sido muy, muy en vano. Por no haber, en Els Vilars no había ni rastro de agua, y ante la ignorancia al respecto de la mujer antisocial decidimos seguir andando hacia lo que en el mapa ponía que era una fuente. En efecto, lo era. En concreto, una cuyas aguas no estaban tratadas sanitariamente. Lástima que tan sólo recayéramos en este aviso después de que Vir diera (y escupiera) un par de tragos de agua, a pesar de su delator olor putrefacto. Con apenas un litro de agua para los dos, seguimos andando, ya sin esperanza de que apareciera ningún riachuelo salvador, puesto que las profecías del chileno profético se habían demostrado ciertas (de ahí su sobrenombre) y el paraje ahora era más bien de secano, tirando a asfaltado. Justo cuando la lengua se nos pegaba ya al paladar por los dos lados, apareció al que denominaremos el Water Master: un hombre de aparente pasado hippie que, altruista y salvadoramente, regalaba agua a la puerta de su casa, tomándose la molestia de mantener llenas las botellas que había puesto en una caja de cartón y de las que rellenamos nuestras cantimploras. Con el ánimo por las nubes (los pequeños milagros, qué queréis, siempre vivifican el espíritu), seguimos andando, guiados siempre por las marcas del GR (blancas y rojas, de nuevo para los no iniciados) a lo largo de una carretera. Carretera que, por otro lado, no debía de existir hace un par de años, tiempo suficiente para que nuestra guía se reeditara sin revisión y omitiera el detalle de que la pista de la que hablaba había mutado en una carretera que, como averiguamos más tarde, llevaba a Francia. La noche nos cogió andando por la carretera y nos pertrechamos lo mejor que pudimos para recibirla: cintas reflectantes para los brazos y frontales en la cabeza. Si bien las cintas quizá nos evitaron algún atropello, no dieron mayor juego. Los frontales, sin embargo, eran fuente de constantes sobresaltos. Aparentemente en la carretera viven unas arañas del género enorme con un pequeño punto en el lomo que refleja la luz de los frontales, lo que nos permitió visualizar cerca de cincuenta amenazadores arácnidos para el disgusto de Vir (y para mi frustración, pues Vir se demostró mucho más hábil que yo localizándolas). Pero las arañas pseudogigantescas no son la única fauna que se delata ante la luz de un frontal. Por una de las parcelas que bordeaba la carretera vimos correr a un jabalí nada pequeño, lo cual nos trajo a la mente de forma inmediata un cartel que habíamos visto unos kilómetros más atrás y que aludía a que en la zona se practicaba la caza mayor (lo cual podríamos haber considerado como un primer aviso, pero parece ser que mi inconsciencia es contagiosa y lo obviamos). Cartel que manteníamos en mente cada vez que entre la negrura aparecían dos brillantes pupilas. Al principio no sabíamos atribuir los ojos a ningún animal en concreto, pues entre mis escasos conocimientos zoológicos no cuento con el reconocimiento ocular, pero me sonaba que a los jabalís no les brillan los ojos en la oscuridad. Cuando en un momento dado llegaron a juntarse cuatro pares de ojos próximos que nos vigilaban nos dio tiempo a distinguir la forma de pequeños zorrillos: jinetas. Una de esas jinetas acechaba de cerca a un ternero que se había quedado parado en mitad de la carretera (temeroso de cruzar un paso canadiense). Puesto que jineta y ternero nos bloqueaban el paso, decidí ahuyentarles. Mi cerebro repasó rápidamente los ruidos que soy capaz de generar y llegó a la conclusión de que lo más adecuado era un silbido, puesto que es el sonido más potente y desagradable que consigo sacar de mí. Mala elección. Aparentemente las jinetas no asocian el silbido con un ruido humano. De hecho, no tengo la menor idea de con qué lo asocian, pero no debe de ser algo que les infunda miedo. La jineta en cuestión se encaró con nosotros y tan sólo dejó de acercársenos cuando empezamos a gritarle (aunque es verdad que se apartó sin quitarnos ojo de encima, tal vez molesta porque le hubiéramos espantado al ternero). Con el camino despejado (aunque las cunetas rebosantes de ojos brillantes), seguimos andando procurando evitar las arañas luminosas. Entonces llegó el momento National Geographic: nos topamos con un alacrán que, ajeno al público, capturó ante nosotros una especie de pequeño escarabajo. Tras pinzarle la cabeza, le ensartó el aguijón y lo engulló en cuestión de segundos. Ojipláticos (yo por la ilusión del espectáculo gastronómico que nos acababa de dedicar el alacrán, Vir por la permanente amenaza de los ojos brillantes que nos miraban desde las cunetas) seguimos andando (sí, anduvimos mogollón). Por fin, y gracias a las lluvias de estrellas que se prodigan en esas fechas, nos topamos con tres hombres que se parapetaban tras un enorme telescopio. Preguntamos a los cosmonautas si el pueblo que se veía a lo lejos era Vilamaniscle, nuestro objetivo. Con un acento más que delator nos explicaron que no, que lo que se veía era Banyuls y que acabábamos de cruzar la frontera con Francia. "¿Esto es Francia, en serio?". Fue todo lo que acerté a decir al hombre que, pese a las diferencias de idioma (ni Vir ni yo hablamos francés), comprendió mi sorpresa y se esforzó en explicarnos cómo llegar a Vilamaniscle, con la ayuda de otro de los cosmonautas franceses que chapurreaba inglés. La indicación era básica y muy representativa: "Up the hill, down the hill. At the junction, turn left". Nuestro mapa ya había demostrado ser más bien inútil. La guía estaba desfasada. Las señales blancas y rojas brillaban por su ausencia (probablemente, ante la oscuridad de la noche nos hubiéramos pasado un desvío evidentemente importante). Así que las indicaciones del cosmonauta eran lo mejor que teníamos. Pasó lo que tenía que pasar: acabamos perdidos en mitad de la nada. Lo más sensato parecía volver a la carretera y retroceder hasta localizar una marca de GR desde donde continuar al día siguiente. Conste que es más fácil de decir que de hacer. Además, dormir en la cuneta de una carretera plagada de arañas enormes y jinetas no resulta especialmente atractivo. Pero era la mejor opción. Centrados en no perder de nuevo el camino para conseguir volver a la carretera, nos sorprendió un gruñido amenazador. Volvimos a acordarnos del cartel de la caza mayor y del jabalí que vimos correr. Cuando un jabalí te amenaza en la dirección que tú tienes que tomar, supongo que hay muchas opciones. Yo opté por la que me pareció más acorde: amenazarle de vuelta. Cogí una piedra en alto y -consciente ya de que los silbidos no son buena idea- le grité con todas mis fueras "¡Fuera bicho! ¡Fuera!". Por fin regresamos a la carretera y encontramos un trozo de cuneta más amplio. Dejamos los reflectantes y las mochilas como obstáculo previo para un coche que pudiera atropellarnos e intentamos omitir toda imagen mental a las arañas y a los ojos brillantes y jabalís para poder dormir. Entonces se despertó la Tramontana. Para los que no la conozcáis, es un viento fuerte, frío y desagradable que, añado al conocimiento científico al respecto, hace efecto cometa con las fundas del vivac. En fin, la noche pasó, como pasan todas, y a la luz del día no fue difícil encontrar de nuevo las marcas del GR. Sé que ha quedado una narración un poco larga, pero, qué queréis, fueron 13 horas 35 minutos de caminata. Por si todavía tenéis ganas de analizar los daños psicológicos que nos dejó esta etapa, os dejo aquí un vídeo chorra que hicimos Vir y yo al día siguiente. El resto de la Transpirenaica, por cierto, genial, pero si un día ha dado para esto, creedme, no queréis que os la cuente entera. Madrid (recién llegados de vuelta), 15 de agosto de 2009
|
|
||||
|
|